De cómo María Antonieta perdió la cabeza
Extractos de El Correoy El Colombiano , julio 3 de 1968: "La Personería ordenó allanar el Jardín del Arte y rescatar la obra (La Bachué) mediante acción de la fuerza pública. A las 10 de la mañana de ayer, se hicieron presentes el Personero delegado Hernán Echeverry Coronado, un oficial de policía, inspector de policía del barrio La América, tres agentes de la policía y tres del departamento de seguridad de control y dos miembros del cuerpo de bomberos?".
Continúa la crónica: "El oficial de la policía ordenó que se presentara la dueña. La señora respondió con un seco y rotundo nó (sic). El funcionario ordenó romper la cadena que cerraba la puerta".
"Tres obreros se ocupaban de desarmar la obra, con el objeto de llevarla a la parte exterior del edificio. Doña María Antonieta trepó a La Bachué y dijo en tono patético: de aquí no se la llevan. Me pueden llevar a mí en pedazos, pero no a ella. Los obreros vacilaron al principio, pero luego prosiguieron. Uno de ellos echó un lazo hacia la parte superior de la obra con el objeto de asegurarla, pero la propietaria del Jardín del Arte atajó la cuerda, formó un nudo con ella y se la echó al cuello".
Hace cuatro décadas, el Municipio de Medellín compró a la familia del escultor José Horacio Betancur (autor de La Bachué, La Madremonte y el Cacique Nutibara), varias de sus obras, algunas de las cuales estaban en el Jardín del Arte, sede del Consulado mexicano y residencia de María Antonieta Pellicer de Vallejo.
La mecenas del artista antioqueño, y esposa del escritor Carlos E. Vallejo, se negó a entregar La Bachué "por cuestiones sentimentales".
En 1964, convirtió su mansión, la número 34-61 del barrio Los Laureles, en centro de exposiciones, obras de teatro, música y conferencias. Por sus andanzas bohemias con pintores, escritores, teatreros y músicos; María Antonieta mereció uno que otro sermoncillo desde el púlpito y la espalda de damas prestantes.
A principios de los setenta, los impuestos y ladronzuelos -sin cargo público- aniquilaron el Jardín del Arte. La casa terminó demolida.
La bendición de un mecenazgo no puede ser la única opción de patrocinio al artista.
El arte merece políticas de Estado (que no de gobierno), serias y constantes, así como eficientes sistemas de control de calidad y gestión para la creación, promoción y preservación de ese bien público.
Seguimos esperando propuestas concretas de los candidatos a la Presidencia frente al patrimonio artístico, la cultura.
Salud, agro y obras públicas construyen el cuerpo de una nación. Buscamos un discurso -y acciones consecuentes-, ligado a la educación, para edificar su alma.
Por lo importante o lo nimio, los colombianos ya perdimos la cabeza.
A recuperarla.
"La señora abandonó el asiento, subió calmadamente a la segunda planta del edificio, tomó la cartera y salió. Mirando cómo la parte superior de La Bachué era depositada en una volqueta, dijo: 'me voy para no presenciar esta infamia'".