De ellos nunca se supo más
La historia de Gerardo Angulo y de su esposa Carmenza Castañeda, la pareja de esposos asesinados por las Farc durante su cautiverio porque no podían caminar, es un martirio del que muchas familias aún no han podido descansar.
Según datos de la Fundación País Libre, entre 1996 y 2008, 507 personas secuestradas murieron en cautiverio. De ellas 153 habían sido plagiadas por el Eln y 354 por las Farc.
De muchos otros cautivos ya sus familias perdieron las esperanzas de verlos nuevamente con vida porque de ellos nunca se supo más.
Uno de ellos fue Rolfe Armando Ramírez, secuestrado el 12 de febrero de 2000 en la vía al Llano. Algunos compañeros de cautiverio que lograron salir con vida le contaron a su familia que él fue sacado del grupo porque lo iban a liberar. Su esposa, Mayibe Ardila, le había pagado dos veces a la guerrilla en busca de que lo liberaran, pero él nunca llegó a la casa.
Después de siete años de no saber nada, un desmovilizado confirmó el mal pálpito: Rolfe Armando había sido asesinado.
"Desde que no haya rastros de vida del ser querido que está secuestrado, uno conserva la esperanza. pero la situación lo va llevando a uno hasta el punto de creer que ya está muerto", dice Mayibe.
La mujer agrega que "para nosotros los familiares de los secuestrados es muy difícil enfrentarnos a la esperanza, al sueño de verlos con vida, al sueño de que van a llegar en cualquier momento a tocar la puerta de la casa, porque luego reaccionamos y eso duele. Yo creo que él ya está muerto, lo que estoy buscando es su cadáver".
Rubén tampoco llegó
De Rubén Darío Ramírez tampoco se sabe nada. Él fue secuestrado el 19 de diciembre de 2002 por el frente 54 las Farc. A los dos días los guerrilleros llamaron a su esposa, Liliana Salamanca, para exigirle dinero.
"Me pasaron a mi esposo y me dijo que lo habían golpeado, que lo sacara de allá. Durante un año estuve tratando de negociar con esa gente. Finalmente se pagó una plata y se suponía que ese mismo fin de semana mi esposo salía libre. Eso ocurrió hace cinco años. Nunca más volví a recibir una llamada, una prueba de vida, nada", dice Liliana.
Según Rubén Darío, él estaba en poder de Jorge Briceño, alias "Mono Jojoy", y de alias "Ojizarco".
"Yo he tratado de saber qué pasó con ese frente, pero nadie me dice nada. La Policía archivó el caso. En el único lugar donde me han apoyado ha sido en País Libre", señala la mujer.
Aunque ella sabe que las posibilidades de que su esposo esté con vida no son muchas, mantiene la esperanza de volver a estar con él.
"Uno en su corazón todavía cree que está vivo, esa es la esperanza porque aún no he visto el cuerpo, y por mis tres hijos". Y sigue: "con los niños es muy difícil, el menor quiere conocer a su papá porque era un bebé de meses cuando lo secuestraron. Además, la situación económica se fue al piso, todo se acabó, yo volví a ser empleada después de que teníamos un almacén de repuestos, pero con el pago a esa gente quedamos sin nada".
"Diez años sin mi hijo"
Otra historia desgarradora es la que cuenta Gladys Granados de Rodríguez.
Ella se fue hasta el Caguán y pudo reclamarles de frente a "Manuel Marulanda", a "Simón Trinidad" y a "Raúl Reyes" por el paradero su hijo, Óscar Augusto Rodríguez.
El muchacho tenía 23 años cuando tres guerrilleros del frente 54 de las Farc lo secuestraron en el sector de Guasca, Cundinamarca, cerca a La Calera.
Eso ocurrió el 5 septiembre de 1998. Desde entonces, ella sólo ha sabido de su hijo por comentarios de personas liberadas que compartieron cadenas con el muchacho.
"En mayo hizo dos años que supe lo último de él, que lo tenían en Arauca en las mismas condiciones lamentables que sufren todos los secuestrados. Yo siento que él está vivo pero uno no sabe nada", se lamenta Gladys.
Respaldo, dice, que no ha tenido, sólo de la Fundación País Libre que la ha acompañado siempre.
"Hemos tocado todas las puertas, hemos hecho de todo y no encontramos respuesta. Ahorita se siente más solidaridad de la gente. Usted, por ejemplo, está hablando conmigo, haciendo que mi caso importe, pero a veces parece que cada familia tuviera que tener un secuestrado para que se entienda qué es lo que uno siente", afirma la mujer.
Según País Libre, 1998, 1999 y 2000 fueron los años en que más personas perecieron secuestradas.
En 1998, por ejemplo, murieron 81 secuestrados, 56 de ellos en poder de las Farc.
En 1999 murieron 72 secuestrados, 50 de ellos los había plagiado las Farc. Y en 2000, 75 cautivos murieron. A 45 de ellos los tenía las Farc.
En 2007 y 2008, se sabe que han muerto seis secuestrados. Todos estaban en poder de las Farc.
Por eso, según Gladys, no pasa un día que no piense en su hijo: "pensar cómo está, qué comerá, qué sentirá. Duele mucho que él piense que uno ha dejado de luchar por él, porque ante este silencio, lo que se siente es abandono".