Acuerdo humanitario: hay ambiente para el diálogo
Sentar al Gobierno y a las Farc es la tarea más difícil de Colombianos por la Paz, el grupo de ciudadanos que empezó un intercambio de cartas con la dirigencia del grupo ilegal armado y que hoy está a punto de concretar la liberación de seis secuestrados, considerados canjeables por la guerrilla.
Y después de que las partes se sienten, se puede llegar rápido a un acuerdo sobre intercambio humanitario, sobre humanización del conflicto y, posiblemente, al comienzo de un diálogo para poner fin al conflicto armado.
Así lo considera la senadora Piedad Córdoba, la integrante más visible de Colombianos por la Paz, quien en entrevista con EL COLOMBIANO se mostró optimista.
Ustedes le preguntan en la carta al Secretariado si están dispuestos a dejar de manera definitiva la práctica del secuestro, y las Farc hacen después esa manifestación unilateral de liberar a seis secuestrados, pero al mismo tiempo hicieron un plagio masivo en Meta ¿Cómo analiza estos actos?
“La gente debe recordar el papel que yo jugué en la liberación de los secuestrados del Eln, los de La María y algunos alcaldes, pero hay una algo que he notado: la fatiga de algunos que han trabajado muchos años en este tema del conflicto, porque a veces parece que se presentan avances pero ocurren cosas que dan al traste con estos avances.
Yo asumí el tema como mi propósito de vida, es muy importante hacer leyes, estar en el Senado, porque de alguna manera somos un sector privilegiado, pero en la medida en que no resolvamos un tema tan fuerte para la sociedad colombiana, seguiremos nadando en una piscina sin agua. Es un tema que no da votos, de un inmenso desgaste político, a pesar de que la política es discutir los asuntos del Estado. En ese orden de ideas, uno de los temas que más trabajé cuando se dio el proceso con el Gobierno de Venezuela, tanto sobre las Farc como sobre el Eln, fue la discusión del tema del secuestro.
Es una práctica que definitivamente se tiene que erradicar, no solo porque venga la Corte Penal Internacional (CPI), sino porque es un hecho que contrasta con cualquier discurso que tenga que ver con la transformación de la sociedad o con cualquier discurso revolucionario, es un tema que lleva muy al alma de la gente. No creo que haya ningún argumento que permita privar de la libertad a ninguna persona.
Aquí hay mucha gente secuestrada, pero sobre el secuestro como una industria se endilga la culpa a las Farc, por eso es muy importante que el Estado lo tenga claro, para saber qué debe hacer. Hay que ser muy conscientes de que estamos en una guerra y que mientras uno busca por un lado la liberación de estas personas, con el avance que es la liberación de los últimos dos civiles que las Farc tienen para el intercambio, lo cual significa reducir el conflicto no más a las partes en contienda y que es un elemento que pone las cosas dentro del DIH.
Pero a la vez, ellos (las Farc) como una demostración de fuerza y de debilidad de la Política de Seguridad Democrática, secuestran a diez personas más. La gente inmediatamente dice ‘ustedes están perdiendo el tiempo, le están dando a las Farc una mirada política cuando por el otro lado están haciendo estas otras cosas’. Y sí, son actos condenables, rechazables, pero que considero, y consideran muchos del grupo de Colombianos y Colombianas por la Paz, que son los que nos dan los argumentos para comprometernos cada vez más en buscarle una salida al conflicto que estamos viviendo y, sobre todo, a trabajar el tema más duro para ellos: plantearle a la guerrilla de las Farc, que sigue siendo una guerrilla muy dura, un tema que es supuestamente inabordable.
Si es un actor guerrero, es un actor que está dispuesto también a escuchar argumentos que expresan debe dejar de lado esta práctica deshumanizante. Es una de las tareas más difíciles que tenemos, de cara a sacarlo este año del conflicto si lo trabajamos duramente. En eso soy optimista, y creo que va a salir”.
¿Usted confía en el Gobierno y las Farc para la entrega de los secuestrados?
“Yo planteé ante el Comisionado (el miércoles) que no me voy a prestar para espionaje o para que se ponga en peligro la vida de alguien, porque esos temores no se pueden quedar como comentarios por fuera del espacio de donde se deben plantear. Esto es una apuesta política, porque eso son la humanización del conflicto y el acuerdo humanitario. Una de las cosas más difíciles de lograr en estos procesos es la confianza.
Si yo no planteo en esas reuniones mis temores de que cuando vayamos a recibir la gente y haya un bombardeo, o que así las coordenadas las maneje yo, tenemos que dar información sobre el municipio o los municipios donde se hará la entrega, con dos días de antelación para que cesen las operaciones militares y podamos recibir a los secuestrados, ya ahí hay una información importante, un elemento que puede ser perturbador. Por eso le planteé al comisionado que no puedo participar en una liberación que se convierta en un acto de espionaje, porque en la medida en que esto sea simplemente una estrategia de inteligencia militar, rompe todo lo que hemos logrado caminar en Colombianos y Colombianas por la Paz.
Y en cuanto a las Farc, sí creo en lo que ellas están haciendo con este proceso, porque si no creyera en ellas, no estaría buscando estas liberaciones, el fin del secuestro, el cese del reclutamiento de niños, el abandono del uso de minas y armas no convencionales, avanzar hasta un cese el fuego.
Una de las cosas inéditas de este proceso, es que se está haciendo a través del diálogo epistolar, que mi presencia allí se da porque en el proceso que estuve con el Gobierno de Venezuela yo fui muy seria y por eso a ellos les genera la confianza de que nosotros queremos avanzar. Y el hecho de que yo le hable al Gobierno con las cartas sobre la mesa, significa que las garantías deben ser totales, no simplemente que no nos maten, sino que no haga espionaje. Eso no significa que yo le esté diciendo al Gobierno que no se enfrente con la guerrilla, porque está es una guerra. Con las Farc, la situación es muy distinta.
Antes de que saliera a la luz pública la carta del anuncio de las liberaciones, se les planteó que no dijeran cosas que no fueran a cumplir, porque eso nos enreda a los de la sociedad civil que no estamos involucrados de una manera directa en el conflicto, como lo están el Estado y las Farc. En el momento en que vayamos a la entrega, no creo que vaya a haber problemas, no creo que ellos quieran matarnos o tomarnos como rehenes.
La responsabilidad de las liberaciones está bajo mis manos, en muchas de las discusiones que se hacen y en muchas de los criterios que se aplican, de las decisiones que se toman, la mayor parte de las responsabilidades las tengo yo. Yo no puedo arriesgar a un colombiano más que va a ir conmigo, ni mucho menos a un miembro de la comunidad internacional, si a lo que lo voy a llevar es a un problema para el Estado colombiano. En esto juegan mucho la confianza y la credibilidad.
Cuando hacemos la advertencia al Gobierno, es por todo lo que ha venido pasando, y así se lo dije de frente al Comisionado, por el bombardeo al campamento de Raúl Reyes poco después de que yo estuve allí (antes del ataque sobre el territorio ecuatoriano en el que perdió la vida el jefe las Farc), por lo que pasó con el emblema del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), independiente de que yo considere que fue muy buena la liberación, y por muchas otras cosas que venían marchando cuando pasó esa liberación sobre las cuales podría mostrarme molesta, las interceptaciones telefónicas, los documentos que aparecieron y que no son ciertos.
A mi me da la preocupación de que se nos pueda usar para ubicar campamentos, que no es la tarea de nosotros, y nos pase lo del CICR, que han tenido que defenderse lo del uso de los símbolos, pero mucha gente dice: ‘eso es mentira, eso fue que ellos participaron (en la operación Jaque), si sabían, se quedaron callados’, y las Farc dicen ‘ellos son de la CIA, siempre hacen espionaje’. De eso es de lo que nos estamos cuidando”.
¿En algún momento ha sentido que le hace falta la compañía del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o de alguna otra persona, para compartir el peso de esa responsabilidad?
“No. Hay una mirada muy machista frente al liderazgo de una persona como yo. Alguna gente olvidó que fui yo la que llevó a Chávez a que se involucrara en el proceso, se le olvidó mi recorrido por el mundo llamando la atención sobre la necesidad del acuerdo humanitario. Cuando se toma la decisión de que el presidente Chávez participe, después de la reunión con el presidente Uribe (agosto de 2007), es como si yo hubiera desaparecido del planeta. Por eso esto es muy importante, porque deja claro que es un proceso de los colombianos y que es un proceso en el cual nosotros mismos tenemos que buscar alternativas, pero donde la comunidad internacional no se puede hacer la de la vista gorda.
Además, el conflicto afecta ya a los países vecinos de manera muy preocupante, y con un elemento que a mucha gente le da mucho miedo debatir, que es el tema del narcotráfico. Podemos acabar el secuestro, éste no es definitivo para las Farc. Lo que es muy importante, no solo como alimentador del conflicto, sino como elemento de la ingobernabilidad del país, es el narcotráfico. Todos estos elementos los puede uno discutir con mucha más fuerza con un presidente a bordo. Pero yo fui una de las que, hace más o menos diez años, discutí en las Naciones Unidas, con Kofi Annan, la resolución que exigió que las mujeres estuviéramos en las mesas de negociaciones y que si los países que tenían conflictos no involucraban a las mujeres en esas mesas, la ONU no avanzaba en las soluciones que tenían que darse para ese país. Esto es importante porque casi siempre los conflictos están en manos de los hombres, con miradas muy patriarcales del poder, con posturas muy guerreras frente a las salidas políticas.
Además, Colombia ha invertido mucho en mi, Colombia ha permitido que yo sea una líder que me he formado, me he fraguado inclusive desde la diferencia. Por eso es importante que el país sepa que clase de líder soy yo, que capacidad de negociar y de ceder tengo, además de mantenerme no solo en la lucha sino en tratar de sacar adelante un conflicto como el colombiano, que cada vez veo que estamos más cerca de que finalice”.
Las Farc exigen que, además de usted y de delegados del CICR, vaya a la entrega una personalidad democrática de un país vecino u otro delegado internacional. ¿Cómo se ha abordado este tema con el Gobierno?
“La personalidad democrática es una personalidad de izquierda. Esto tiene que ver con las garantías, con la preocupación de las Farc hacia la comunidad internacional, ese es el punto en el que estamos todavía patinando con el Gobierno. Y no nos quedamos en una personalidad, puede ser también una institución democrática. El centro Jimmy Carter podría ser. No hemos sugerido nombres, hemos dado la discusión sobre lo que significa una personalidad democrática y que instancias podrían darse, como el caso del Centro Jimmy Carter, o que las garantías tengan que ver más con lo que significan los procedimientos en un momento dado que son, para mi, más importantes, para mi es más importante discutir eso que la presencia de una personalidad. Pero esa personalidad puede ser un dirigente europeo o latinoamericano. O también algún delegado de la ONU”.
¿Adolfo Pérez Esquivel?
“Adolfo ha hecho críticas muy duras al presidente Uribe, ha dado unas declaraciones que en este momento en vez de ayudar nos pondrían a patinar y por eso ni siquiera lo planteo. Pero de todas maneras hemos avanzado mucho, hemos avanzado en que las Farc no querían aceptar al CICR, logramos con discusiones que lo aceptara, aunque ellos dicen que la presencia es insuficiente y el hecho de que el Gobiernmo acepte que yo esté ahí es un paso adelante. Otro avance es el hecho de sentarnos a hablar con el Gobierno, con el CICR, además del intercambio epistolar con las Farc. Lo otro (lo del delegado) estoy segura de que se va a resolver. El Presidente (Uribe) está muy ranchado en que no, porque viene una persona y después sale a decir cosas.
Pero para Colombia esta es una noticia muy buena. Hay mucha gente que dice ‘esos tipos (las Farc) son unos animales, que entreguen a todo el mundo ya’. Uno sabe que eso no va a pasar, pero el hecho de que sean ellos los que tomen la decisión de entregarlos, es un punto de partida muy importante para futuras liberaciones, para allanar el camino frente a los inamovibles del intercambio y avanzar en los elementos de humanización del conflicto”.
Pero la desconfianza del Gobierno podría estar justificada en todo lo que pasó con Venezuela...
“Exacto. Es evidente que ante cualquier declaración de los presidentes de los países vecinos, el Gobierno colombiano se pone como un gato cuando lo van a meter al agua. Pero eso es parte de la discusión, eso hace parte de las dinámicas, eso es normal, no es como para que todo el mundo se vaya a morir. Yo me pongo en la situación de los familiares, porque es que alguien que hace siete años no ve al papá, o a su esposo, o a su hermano, no entiende la discusión de nosotros. Por eso, si el Gobierno hubiera dicho que yo no participaba en las liberaciones, pero otro sí, yo hubiera aprobado eso, porque yo se que puedo seguir ayudando de otra manera. Cada cosa no se puede agrandar para hacerla más difícil. Ya logramos sentarnos con el Gobierno, a mi no me para nadie de ahí”.
¿Cuál fue el criterio para determinar que ningún medio de comunicación o ningún periodista esté en las liberaciones?
“Lo hice porque a la gente le venden y le consolidan una idea sobre una persona y ahí la dejan. Nunca he llamado a un medio, o a un director de un medio, a pedirle que me entreviste, ni siquiera cuando he sentido que han abusado de mi. Entonces no es justo que se piense que quienes estamos en esto vamos a montar un show. Por eso le dije al Comisionado de entrada que no va ningún medio. Fue una iniciativa mía, que creo que a las Farc les debió haber caído muy mal. Es que los medios de todas maneras van a estar a la llegada, entrevistando a la gente. Y eso me da mucha tranquilidad”.
¿Usted habló con Chávez sobre este asunto de los medios en las liberaciones del año pasado?
“No, porque las dinámicas del año pasado eran muy distintas y, fuera de eso, muchas de las cosas eran directamente con el Gobierno. A me hubiera gustado más un perfil bajo, porque hubiera evitado muchas cosas y si ustedes hacen una mirada hacia atrás, se darán cuenta de que yo era muy escasa para los medios. Ahora es distinto, los de Colombianos por la Paz estamos de acuerdo en eso”.
En el proceso anterior usted se vio un poco más fuerte en sus declaraciones, ahora no. ¿Por qué ese cambio?
“Hoy esas cosas están bajo mi control, antes no. Sucedían cosas que yo no sabía porqué se daban. Ahora me puedo responsabilizar por las declaraciones que yo dé, no por las del Alto Comisionado para la Paz ni por las de Juan Manuel Santos. Y cuando se refieren a mi, pues se que lo que dicen no es cierto, me puede molestar, pero no salgo a responderles. Por eso yo no le paso a nadie, no doy declaraciones. Eso muestra lo que yo soy de verdad: más tranquila de lo que la gente se imagina. Me gusta mucho el debate político. Lo que no me parece bueno es cuando a uno tratan de imponerle las cosas por la fuerza.
De Juan Manuel espero eso y mucho más, porque él actúa como candidato, yo actúo como una persona que está empeñada en que no sólo se den las liberaciones, sino que avancemos hacia el intercambio, hacia la humanización del conflicto, hasta que lleguemos a la salida política. Tengo una visión de largo alcance, lo mío no es este momento. Por mi no da nadie un peso. A mi me llama un precandidato y le digo: ‘usted está loco, si yo le doy mi apoyo se hunde’”.
¿Cree que esa búsqueda del acuerdo humanitario se pueda ver afectada por situaciones como la de los guerrilleros presos que quieren renunciar a su lucha?
“No, porque yo también trabajo con los presos políticos. Acabo de ser escogida por ellos con la dirigente de las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, Hebe de Bonafini,. La tarea de nosotros es otra, no a buscar salidas de choque, sino a buscar la salida hacia un diálogo. Mi tarea es avanzar en ese proceso, en medio de todos los torpedos que tiene”.
¿En caso de que se dé el acuerdo humanitario, si sería el primer paso para empezar el diálogo que conduzca a una solución política del conflicto armado?
“Sí. Antes no se pensaba que se pudieran dar liberaciones unilaterales y después de lo que pasó con la operación Jaque era casi impensable. Esto es como una cuota inicial para pensar en el intercambio. Y ahora, cuando salen los dos últimos civiles, se reduce a lo que es el intercambio. Nos hemos sentado dos veces con el Comisionado esta semana y es inevitable no hablar de todo el tema político o de lo que dicen las Farc, de hacia dónde vamos. Así se lo dije al Comisionado, ustedes se van a tener que sentar. Y para eso apelo a la fórmula de Tlaxcala. Posiblemente no en Venezuela, por todo lo que genera, pero puede ser en Buenos Aires, en Sao Paulo, en cualquier país latinoamericano. En el momento en que se sienten, el acuerdo es de lo más fácil, lo difícil es sentarlos.
Y en ese momento, mínimamente se empieza a dar un borrador de lo que puede ser un acuerdo político. Mire lo de los inamovibles con las Farc, lo de Pradera y Florida lo habíamos logrado mover, y ahora vuelven y aparecen con eso, desafortunadamente, pero ya no hablan de despeje sino de garantías allí. Por eso es importante que la gente se dé cuenta de que se ha avanzado mucho, se ha avanzado en el lenguaje, se han modernizado las exigencias. Y vamos a avanzar más, estoy segura de que de esto vamos a salir muy rápido”.
Pero todavía pesa la sombra del fracaso del Caguán...
“Ese tema lo traté también con el Comisionado. José Obdulio (Gaviria), nos dice los caguaneros o caguanistas. Yo fui a la instalación, pero cuando vi eso dije ‘no vuelvo’. Por eso no me preocupa que nos miren o nos diga así. Este no es igual y estamos avanzando.
¿Y por qué está tan optimista ahora?
“Por el entorno mundial, que es muy importante. También porque siento que en la sociedad colombiana hay cierto síntoma de fatiga frente al statu quo político, porque un Congreso que está tan apaleado en términos de su imagen por su procedencia, por las prácticas que no parecen cambiar en nada. Eso le da mucha razón no solo a las Farc sino a muchos sectores de la sociedad. Porque así como alguno llaman a la unidad nacional para salvar yo no se qué, otros también llaman a la unidad para que salgamos de lo que estamos.
También soy optimista porque pienso que esta nueva dirigencia de las Farc piensa mucho, tienen en cuenta que son muchos años de guerra en el monte, que mucha de la tecnología en armas, así ellos aspiren a tenerla, estamos en un acumulado de cero, ni gana el uno ni gana el otro, el empate técnico. Y esa diriegencia está pensando muy políticamente los documentos, sobre todo el último es bastante importante, que debería ser retomado por quienes estamos en los partidos políticos para analizar y plantear las estrategias a futuro. Hay muchas cosas a favor, por eso con el optimismo mío no puede nadie, no le cedo nada al pesimismo”.
En ese documento más reciente, las Farc hablan de negociar, pero con la sociedad civil. ¿Cómo convencerlos de que hablen con el Gobierno?
“Tenemos claro que lo que tenemos que lograr es un acercamiento entre las partes, porque no podemos ser más dilatantes de que lo que hemos sido este tiempo. Cada uno de nosotros tiene claro que quien se tiene que sentar con el Gobierno son las Farc. Esto hace parte de una dinámica. Antes de que nosotros apareciéramos no significa que no estuviéramos haciendo nada y que un día llegamos y firmamos y listo. Esto es un proceso. Imaginate abrir yo la propuesta de hacer un diálogo epistolar, de sentarnos a discutir una carta, yo, en la que no creía nadie con veinte procesos en la Corte Suprema, en el Consejo de Estado, en la Procuraduría, y cuando llegamos a la reunión todo el mundo decía ‘Sí pero si no está Piedad.
Es que si Piedad se mete se tira en todo’. Fue todo un proceso. Entonces el sólo hecho de que las Farc contesten esto y contesten lo otro es importante. Ya estamos trabajando en el borrador de la próxima carta y es fuerte y está en discusión. Será enviada después de la liberación. Muy rápido. Tenemos que ser capaces de que las Farc realmente se sienten para hablar del intercambio, uno tiene que ponerle fecha a las cosas. En marzo tenemos que llegar al punto de que las Farc y el Gobierno se estén sentando en algún país.
¿Pero no es eso muy optimista?
“Si. A más tardar en abril tienen que estar sentados Gobierno y Farc. Tiene que ser así. Para qué darle más largas a esto. Ah, que las Farc quieren hacer política, entonces ¿qué queremos que hagan?. ¿A eso no es a lo que los estamos invitando como sociedad? Pues claro, que hagan política, eso es altamente positivo para este país.
Si bien es cierto que en el establecimiento, mucha parte no quiere esto, quiere una paz romana, que no les cueste nada, pero que nadie crea que un señor de esos se va a venir por un taxi, que se olvide. Por un taxi no viene nadie ni por una beca. Pero yo también creo que mucha gente de izquierda le tiene temor a la negociación, porque también tumba privilegios. Es que eso va acomodando a la gente. Entonces la llegada de estos señores también son una amenaza para los que estamos en la izquierda, para qué nos decimos mentiras. De pronto es más dificultoso por el lado de estos sectores”.
Uno de los problemas del país es el narcotráfico que afecta a los otros países. ¿Marginalmente ha hablado usted sobre ese asunto con la gente de las Farc?
“No marginalmente. Hay cosas que no sabe el país, por ejemplo como que los dos abogados de ‘Simón Trinidad’ estuvieron en un campamento de las Farc en febrero del año pasado, hablando sobre la sentencia de él, la liberación de los tres estadounidenses y cómo se podía avanzar en la pena que se le iba a imponer. En esos días en el juicio, uno de los temas de los que habló ‘Simón Trinidad’ fue que le dijo al fiscal y a su vez al Departamento de Estado: ‘Las Farc estamos dispuestas a discutir sobre el tema del narcotráfico y a que lleguemos a acuerdos’. O sea que es no es un tema marginal. Y tocamos el miércoles este tema del narcotráfico con el Comisionado y el papel que juega en la agenda de gobernabilidad y de estabilidad global, y qué papel juega en América Latina y cuál debe ser el papel de los gobernantes latinoamericanos frente a una agenda de discusión sobre lo que el narcotráfico está haciendo en muchos de los países. Ese es un tema que tiene que jugar un papel muy importante”.
Desde algunas instancias se le señala como una persona manipulada por las Farc ¿Cómo se da su relación con el Secretariado? ¿Cómo se ve frente a esta instancia?
“Me veo bien, no soy una iniciada en la política, llevo más de 25 años en este terreno, con algo que, para unos casos resulta benéfico, que es que la mayoría de este tiempo he estado en la oposición, lo cual significa adoptar unos códigos, asumir que casi siempre se está en la adversidad, que se nada contra la corriente, y eso lo tengo muy claro.
También tengo claro que aquí hay mucha más gente en contra de los acuerdos, de la salida negociada y de que se acabe el conflicto, de lo que uno se imagina. Hay demasiados prejuicios y la lectura desafortunada que se desprende de todo lo que nos dejó de negativo el Frente Nacional, personalmente tengo una aversión a esos acuerdos partidarios que excluyen y que fueron generando en alguna gente patrones de cultura -si a eso se le puede llamar cultura- en los que la oposición se asemeja a la guerrilla armada. Me molesta y me preocupa cada vez más que aquí no se pueda hacer oposición.
Muchos de los que hacen oposición en este país terminan más bien adaptándose a los códigos de quienes tienen el poder, para evitar la crítica, para evitar ser tenidos en cuenta en las discusiones y eso no solo se da a nivel personal, se da entre los partidos, y por eso se torna más fácil asemejarme a mi a un miembro de la guerrilla que a una colombiana que está definitivamente decidida a que hay muchas cosas del discurso de ellos (la guerrilla) que se podrían retomar en el país de manera diferente, no con la lucha armada.
Si yo fuera amante de la lucha armada, me hubiera metido a ella desde que estaba en el colegio, yo siempre he sido de izquierda desde que tengo uso de razón. Por eso, esas cosas las entiendo, puede que no las comparta, trabajo muchísimo para que Colombia pueda tener realmente una sociedad que interprete a quienes estamos en la oposición como es. También tengo otra posición al respecto y es que considero que ellos son hermanos de nosotros, es una postura cristiana que, creo, la tengo que reivindicar cada vez más. Me duele lo que pasa con ellos, con mucha gente en este país, y quisiera que mañana o pasado mañana, y así se lo dije al Comisionado, se puedan sentar Gobierno y guerrilla, le dije al comisionado: ‘Voy a trabajar hasta verlos sentados en una mesa de negociación’. Y téngalo por seguro que lo vamos a lograr”.
En ese sentido, ¿el Partido Liberal cómo la está tratando?
“En estas instancias el partido no ha hecho ningún pronunciamiento, es muy visible que tengo posiciones muy distintas dentro del Partido Liberal, no comparto esa actitud de que unas veces se está con el Gobierno y otras no. El partido es muy importante, pero no es una institución de la que uno pueda decir que no ha tenido nada que ver con la sociedad colombiana. El Frente Nacional es un acuerdo de repartición del poder, pero no es un acuerdo de revisión de lo que quiere la sociedad colombiana, para modificarla, para ampliar, para incluir.
Se trató de un pacto para decir: ‘el poder nadie nos lo va a quitar’. Y eso ha producido también un tipo de liderazgo, un liderazgo que no cuestiona, o que cuestiona simplemente lo que a nadie le molesta, pero cuando se cuestionan cosas que son de fondo, que tocan a las estructuras, molesta demasiado y cuando se interpela el poder, molesta todavía mucho más, y cuando ese poder es consciente de que personas como yo venimos de instancia del establecimiento, les llama muchísimo más la atención”.
¿Tiene aspiraciones presidenciales?
“Por ahora no, soy una persona para el establecimiento, tanto político como, económico y social, políticamente incorrecta, con una manera de ver la vida muy distinta, mucho más cercana de las redes sociales que de ciertas prácticas de los partidos, y soy consciente de que en la tarea que me metí y a la cual no voy a renunciar, tener aspiración presidencial es como tirarse a una piscina sin agua”.