Histórico

Del juglar ahora queda solo el silencio

Algunas de las canciones que Lorenzo Morales dejó son El secreto, Amparito, Carmen Bracho, El Errante, La Primavera Florecida, Rumores, entre otras. El último juglar vallenato murió ayer en Valledupar víctima de un paro respiratorio. Su entierro es hoy en esa ciudad.

Loading...
26 de agosto de 2011

Desde hace una semana, Lorenzo, empezaste a salir por los noticieros. Tus fotografías circularon por los diarios de la región y todos, vecinos y extraños resultaron siendo fanáticos tuyos desde chiquitos. Los periodistas comenzaron a hacer guardia en la puerta del hospital y a poner cara de preocupación cuando los médicos daban tu diagnóstico.

¡Ay viejo Morales! ¡Qué resistencia! ¡Qué ganas de vivir tenías! Tú sabías que, desde hace varios años, muchos colombianos te daban muerto y eso jamás te preocupó. No, tus preocupaciones ahora eran la casa, que el acordeón estuviera en manos de tu hijo Franklin, que la comida en la mesa no faltara y bueno, compadre, que la energía no se fuera para que la música no dejara de sonar. Te gustaba sentir el sonsonete de un acordeón a lo lejos.

Celebraste tu cumpleaños 97 como quien celebra los 18, con un trago de wisky en la mano y los mariachis a medianoche, que sin duda te trasnocharon. Esa tarde, dormiste la siesta larga de estos años, te despertaste pasadas las 5:00 p.m. y tu hija Cecilia te hizo un chiste sobre las mujeres que te rodeaban y sonreíste. No diste ninguna entrevista porque a la fiesta, viejo, no llegaron periodistas. De repente, querías hablar y entonces comenzaste esta historia:

"Estoy cumpliendo 97 años. Estoy viendo cómo hago para que no me caiga otro año. Aunque le digo que yo no he sufrido la vida. No he tenido sufrimientos.

¿Ya le conté que anduve por la Zona Bananera? Eso fue cuando la bonanza. Trabajaba con Faustino, un compañero. Nosotros trabajábamos en una compañía que se llamaba United Fruit Company. Eso pasó hace mucho, pero yo lo recuerdo como una mañana de abril, cuando eso estaba mi mamá viva".

Morales, te convertiste en el contendor más famoso de Colombia y eso te crucificó y te condenó a un anonimato que nunca entendiste. Tu compadre Emiliano Zuleta, con quien estarás ahora, comenzó a llevarte para todo lado, de parranda en parranda, y eso tampoco sirvió.

Es más, ahora mientras cientos de personas leen esto, habrá que hacer una pausa Morales, para contarles quién eras vos, de dónde saliste, cuál fue la fama que te ganaste y por qué hoy, ¡sí señores!, hay luto nacional, porque te moriste, viejo.

Vida de juglar
Lorenzo Morales nació en Guacoche, corregimiento de Valledupar, en 1914. Hijo de Epimenio Herrera y de Juana Morales. Empezó a tocar acordeón cuando tenía 12 años y sus primeros viajes a la Zona Bananera fueron a mediados de 1920, donde además trabajaba en fincas como agricultor o en oficios varios. Camina desde Valledupar hasta Santa Marta en un viaje lleno de "paradas" justificadas por el cansancio y que se convertían en las contiendas que le alegraban la vida. Fue así como se hizo juglar: cantaba, tocaba el acordeón, componía. Era trashumante, parrandero y mujeriego. Tal y como lo dice el historiador Tomás Darío Gutiérrez quien lo calificó como el hombre que le dio vida al merengue vallenato.

"Es uno de los precursores de nuestra música. No solamente muere un grande, muere el último juglar, de los juglares de verdad, verdad".

A mediados de la década del 40 protagoniza la piqueria vallenata más importante de la música colombiana y es así como se convierte en el "negro yumeca", después de que Emiliano Zuleta escribiera La gota fría . A mediados de 1950 decide exiliarse en Codazzi (César) donde con su compañera Ana, comienzan una sólida familia.

Dos décadas después vuelve a Valledupar y se convierte en la sombra de Zuleta. Este año visitó Bogotá y Cartagena en una gira que programó la Fundación del Festival Vallenato para promocionar este evento. Así, entre aplausos efímeros y entrevistas relámpago, terminó su vida. En medio de una pobreza inagotable y unas ganas de vivir que sorprendían.

¡Hasta pronto, maestro!