Histórico

Detrás de la obra de teatro está Óscar

DESDE HACE 21 años Óscar González es asesor de teatro de algunos grupos de la ciudad. Lo que busca es suscitarle ideas, pensamientos, estéticas. Un estilo, incluso.

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08 de junio de 2011

En ese entonces no le gustaba el teatro. Casi hasta el odio, aunque la palabra no le parece exacta. Era un teatro callejero, de protesta, que no le interesaba en lo más mínimo. "Era muy crítico con él".

Y tal vez por eso Óscar González trató de hacer un teatro que le gustara. Sin pensarlo, se convirtió en asesor literario de las tablas.

Todo comenzó hace 21 años, cuando conoció a Cristóbal Peláez, el director del Matacandelas. Hablaban de arte y, de seguro, no era una conversación convencional. "A mí me gusta cuando uno logra coincidencias perturbadoras". Diálogos raros, exóticos, excitantes, dice él. Y en una y otra palabra, no en vano, terminaron disertando de formas teatrales.

Después de allí, y de otros encuentros, Óscar se reunió con los actores y les habló de su teoría estética teatral. "Se fue formando esa relación bastante lúcida desde la crítica. Lo cual no quiere decir que yo sea un criticón". Su definición va por el lado de la crisis de la conciencia o del despertar la sensibilidad.

Y ahí, como tal, inició con eso de ser un asesor o, como lo llama, un mediador. Lo es del Matancandelas, de la Oficina Central de los Sueños y de Hora 25. Este año empezó con El Trueque.

Por su mirada han pasado obras como O Marinheiro , que fue la primera que asesoró. Y aunque en su repertorio van unas doce, se cuentan títulos como F ernando González, velada metafísica, Medea, Electra y Eternidad.

Revolución
La relación con los grupos es momentánea. Se reúnen en el escenario, porque no puede ser en cualquier lugar. "No hablo sino yo y después ellos intervienen. Nunca sé si me odian, me quieren o se ríen de mí".

La tarea es excitar los sentidos. Y les da cuenta de su investigación, que es muy juiciosa. Les habla del autor, de la manera de hacer las cosas, de las estéticas, de la atmósfera, de los personajes. De qué se puede hacer, que sea diferente.

"Mi tarea es iluminarles un poco lo que ya tienen trabajado. Mi teoría es teatral: maneras de hacer las cosas y de propiciar nuevos mundos". Luego se retira y deja que ellos, con lo que les suscitó las tres o cuatros sesiones, pueden ser más o menos, hagan lo suyo. Lo que saben hacer.

"Nos lleva a contradecirnos, a pensar, a mirar autores, conocer la obra y el autor. A enfrentar la página en blanco. Analizamos los textos, cada coma, punto, protagonista", cuenta Farley Velásquez, director de Hora 25.

Eso sí, le interesa muchísimo que los grupos tengan una estética o un estilo que los identifique, independiente de la obra. Habla de tres: griega y barroca en Hora 25, simbolista en el Matacandelas y moderna en la Oficina.

Para este asesor literario, que estudió Filosofía y Letras y es candidato a la maestría de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, el actor es muy importante. No es que deje de lado a los directores, sino que señala que a veces no hay una relación directa con ellos, que es necesaria, sabiendo que son "tan misteriosos y tan fascinantes".

La crítica de Óscar es fuerte. Drástica, también. Y lo bueno, comenta, es que no tiene contrato, ni dinero de por medio. Por eso la relación puede ser tan libre, tan directa. Si el grupo o él se aburren, o no les gusta determinado hecho, que no ha pasado todavía, "no hay el problema del odio".

El tema de Eternidad : tres viejos sastres. La teoría: un tratado sobre la vejez, "trastornadoras, incluso para mí".