Histórico

¿Difíciles relaciones?

23 de febrero de 2009

La confianza en las instituciones es uno de los grandes logros de los países desarrollados, confianza que se traduce en seguridad y certeza del comportamiento de las autoridades con respecto al accionar de las empresas. Esto es lo que se ha intentado en Colombia al buscar la madurez de nuestra democracia. Aquí podemos disentir, insultar al Presidente como lo hacen muy frecuentemente los integrantes de los partidos de oposición. No solo eso, permitimos que ONG extranjeras nos cuestionen y nos desprestigien, no expulsamos a nadie por sus expresiones diferentes, pero aun no tenemos el tiempo de permanencia de esa estabilidad que nos califique como una democracia madura y confiable. Vamos más adelante que otros, pero nos falta mucho.

Lo que sucedió en el Ecuador con la incineración del adolescente colombiano es una muestra clara del sentimiento en contra de Colombia, que ha venido cultivando e incrementando día a día el señor Correa, que con cada episodio demuestra su calaña de hombre emotivo y sin raciocinio sano.

No es la primera vez que las turbas ecuatorianas agreden salvajemente a las personas por el hecho de ser colombianas. La gasolina es el combustible preferido por ellos para demostrarnos lo hartos que se sienten de nuestra presencia en ese territorio. Las costumbres, la idiosincrasia, la cultura son muy diferentes; la hermandad solo es de papel, puesto que el sentimiento fraterno no existe, por el contrario hay resentimiento exacerbado por las arengas y las palabras de un individuo lleno de odio. Cuál es la razón de esa animadversión si hemos llegado allí con nuestras ganas de trabajar, las inversiones, la energía eléctrica y, en fin, con muchas expectativas positivas de un futuro halagüeño para todos, pero nos encontramos con la puerta en las narices y el linchamiento de compatriotas. Si delinquen de cualquier forma tendrán un fenecimiento aterrador. El odio a quienes creemos mejores es una constante en la historia de la humanidad. Esto es extraño puesto que si en el fondo aceptamos que son mejores, deberíamos emularlos.

Por el Oriente ya se entronizó la dictadura disfrazada como sucedió en Cuba y allí sufriremos por las locuras del señor Chávez, que dependiendo de su fase maníaca o depresiva, permitirá o no la fluidez en nuestras relaciones comerciales. Aquí también la hermandad es de papel mientras duren estas inestabilidades institucionales, que hacen de nuestras democracias unas formas de gobierno bastante complejas e impredecibles.

¿Podremos confiar en un futuro promisorio en las relaciones con estos vecinos?