Histórico

Diplomacia de doble filo

19 de mayo de 2011

Colombia es aún un país poco conocido en el mundo, y lo poco que nos conocen lamentablemente, aparte de algunos casos, es por causa de la violencia soportada durante décadas.

En los últimos años, el país ha logrado insertarse más en el escenario de las relaciones entre los Estados, logrando el ingreso a relevantes escenarios asociativos, la firma de trascendentales acuerdos comerciales, la consecución de importantes sumas de inversión extranjera y las puertas abiertas a prometedoras relaciones con Asia, donde el mundo tiene puestos sus ojos.

La diplomacia en el gobierno del expresidente Uribe tuvo una clara responsabilidad y era devolver la confianza de la comunidad internacional en Colombia. Así muchos no lo crean, en algunos países se creía que en Colombia se vivía una guerra civil, en la cual el Estado era quien reprimía los derechos del pueblo, y que la guerrilla, al contrario de lo que conocemos, era la que representaba a la ultrajada sociedad colombiana en su lucha contra el Estado.

Esta idea, tan alejada de la realidad, comenzó a cambiar poco a poco y Colombia comenzó a recobrar su dignidad ante la comunidad internacional. En el anterior gobierno no se desaprovechaba ningún viaje al exterior para exponer la amenaza a la cual nos enfrentamos día a día los colombianos, y la manera como ésta se estaba enfrentando, y hasta remontando. Esto hizo que muchos gobiernos calificaran de terroristas a las guerrillas colombianas.

Sin embargo, ahora vemos con preocupación que lo que ya habíamos ganado se esté dejando perder rápidamente, por querer quedar bien con Dios y con el diablo. La diplomacia colombiana parece no tener ninguna identidad ni estrategia ni rumbo claro en el actual gobierno.

El Presidente Santos se reúne con inamistosos vecinos, de los que sobran pruebas de apoyo a terroristas que habitan sus territorios. También aprovechó un viaje a Europa para defender a "su mejor amigo", ante una seria denuncia realizada por Colombia ante la OEA en 2010.

La guerrilla colombiana realiza un trabajo de diplomacia paralela en algunos países, que en muchos casos resulta más efectiva que la del mismo gobierno. Por lo cual no se ve bien que el Presidente colombiano deje el camino expedito para que estos grupos terroristas tengan acceso a sus oscuros intereses internacionales.

El país no puede poner en riesgo sus intereses y su defensa nacional por conseguir aparentes objetivos económicos.

Nuestra nación tiene una amenaza latente que ha expandido sus tentáculos a países vecinos. La diplomacia colombiana no puede caer en el juego que proponen algunos gobiernos suramericanos, los cuales no ven más allá de la Unasur y se declaran "antiyanquis" y "antiimperialistas" a los cuatro vientos, como si tuvieran todos ellos que seguir el mismo guión.

Si nuestra Cancillería no retoma una personalidad clara ante la comunidad internacional, se convertirá entonces en una diplomacia de doble filo, que nos hará daño tanto por fuera como por dentro.