DISCURSOS INOCUOS
El conflicto de Medio Oriente, entre Israel y Palestina, transita por su peor punto de la historia reciente. La búsqueda de paz no solo no avanza sino que retrocede a pasos acelerados y mientras se busca oxígeno en mediadores internacionales, Barack Obama parece tocar el tema de manera tangencial, con pocos compromisos y a punta de discursos vacíos y medias tintas.
Obama visitó Israel y los territorios palestinos la semana pasada y las conclusiones del viaje diplomático fueron lamentables. Peroratas en Tel Aviv y en Ramala que no convencieron a nadie y que resaltan aún más el nivel de estancamiento de unas conversaciones congeladas desde 2010.
Ni el Estado de Israel ni la Autoridad Nacional Palestina, con Benjamin Netanyahu de un lado y Mahmud Abbas del otro, están dispuestos a avanzar. La violencia de Hamas y la continua y temeraria política de construcciones de asentamientos israelíes en Cisjordania son dos paredes infranqueables.
Sin embargo, los puntos muertos no sorprenden a nadie. En todo conflicto hay situaciones inamovibles que necesitan un tercero para destrabarlos y aquí, más que quizá en ningún otro conflicto mundial, Estados Unidos lleva la batuta. Esta vez parece peligrosamente desinteresado.
La presidencia del demócrata fue vista desde el 2009 como una esperanza para la tan anhelada solución de los dos Estados pero, desde entonces, la Casa Blanca no ha dado un solo paso en concreto más allá de las palabras. Discursos vacíos de promesas incumplidas que dejan un hondo agujero en los avances de política internacional de Washington.
Obama intentó desde sus primeras referencias al tema buscar un acercamiento con el mundo musulmán pero de las ideas que ilusionaron no se ha edificado nada concreto.
Al desaliento y escepticismo palestino hay que agregarle una evidente mala relación entre el estadounidense y Netanyahu que no se puede ocultar ni siquiera con las inmensas sonrisas diplomáticas y saludos de la semana pasada. Para el primero, el líder de Israel es un intransigente y para el segundo, el presidente de la superpotencia es demasiado ambiguo.
Si Washington no asume riesgos políticos en la búsqueda de soluciones en Medio Oriente, nadie más lo va a hacer. Un segundo mandato demócrata, sin el cortapisa electoral para refrendar su presidencia, creó expectativa sobre un posible tono más avezado en la búsqueda de alternativas de paz. Tiene poco que perder pero un inmenso botín si logra ganar.
La realidad, a pesar de esto, es que públicamente no existen avances para presentarle al mundo. Obama dejó muy claro que no llevaba propuestas de paz para su viaje y tampoco salió con ellas una vez concluyó el periplo.
Es una lástima para un Nobel de Paz que recibió el criticado galardón más por lo que podría hacer que por lo que había hecho y que, hasta ahora, tiene como su lista de logros una vergonzosa hoja en blanco.