Histórico

Disfrute a plenitud

30 de abril de 2009

Si el carné de jubilado abriera todas las puertas, "quizá llegar a viejo sería más llevadero, más confortable, más duradero", canta Joan Manuel Serrat.

Y sin embargo, el catalán no tiene razón, al menos no toda.

Porque Hernán, Beatriz, Pedro y Orlando han sabido cómo disfrutar de su pensión y de esta etapa de su vida.

Bien sea en la cocina, o viajando o caminando o leyendo, pero gozando su vida, incluso, como dice Beatriz Flórez, una de las protagonistas de estas historias, con algo de pudor al contar lo que hacen.

"Porque es un privilegio, en esta sociedad, pensionarse y hacerlo con algo que, no digamos que sea de parlamentario, pero sí para poder vivir y poder darse algunos gustos, así sean modestos", opina ella.


Cocinar para sus hijos es la mayor diversión
A Hernán Pineda le gusta cocinar para sus hijos, Lucas y Nicolás, en una cita inaplazable cada ocho días. Ahora que vive solo, aprovecha para comprar y elegir él mismo los ingredientes de sus platillos favoritos. Sabe de especias y de procedimientos, lo que resulta ser una terapia, dice. Hernán sabe lo que es trabajar, pues desde los 7 años aprovechaba los retazos que quedaban de la empresa familiar para coser colchas. En aquella época le pagaban 7 pesos semanales, con los que compraba los aguinaldos. Luego de estudiar en el colegio en Estados Unidos y la Universidad Eafit, en Medellín; y de trabajar toda una vida, ahora se da el lujo de planear vacaciones "cuando le da la ventolera" y vivir ligero de equipaje, como explica. Su mayor felicidad: ser un muy buen amigo, lo que se disfruta sin la presión del reloj laboral a cuestas.

Pedro, el caminante, defiende un rey de palo
Pedro Rivera se jubiló contra su voluntad. Pero, en 15 años ha construido un mundo amable. Habitante del barrio Rosellón, en Envigado, madruga a las 3:00 a.m. Sale a andar dos horas, salvo los domingos, cuando camina más de cinco y llega a su natal Amagá, Rionegro o El Retiro. Más que los reclamos de su familia, pues alguna vez perdió la ruta y le costó encontrarla para volver a casa, son sus ojos, ahora disminuidos, los que lograron deje las jornadas de caminante. Halla compañía en la lectura del periódico y en llenar su crucigrama. En leer novelas de Cervantes, García Márquez, Hemingway y Mejía Vallejo. Pasa las tardes en la cafetería La Florida defendiendo reyes de ajedrez. Se divierte al lado de su esposa, Rosaura Bustamante, con sus cuatro hijos y cinco nietos y espera con ansia a la única mujer entre estos, que nacerá en breve.

Beatriz se dedicó a viajar por el mundo
Beatriz Flórez tiene alma de viajera. Su pasaporte tiene visas de China, Rusia, Polonia, Alemania, República Checa, Malasia, Tailandia, Usbekiztán...

Trabajó desde los 18 años hasta los 56 y este año cumple 9 de estar jubilada. Pasó por la U. de A., Revistas Técnicas y luego Coltejer,  donde se pensionó. Jubilada, además, se dio a la tarea de estudiar una ciencia social: Historia. Pero como asistente, porque no quería calificaciones, ni le interesaban los títulos.

"En Colombia es un privilegio poder hacer lo que uno quiere cuando se pensiona. Hay una cantidad de adultos mayores que a los 65 años aún andan buscando cómo se van a levantar la comida, a subsistir", opina.

Y agrega: "Esta es la única edad donde uno es realmente dueño de su vida y puede hacer con ella lo que a uno le dé la gana".

Orlando disfruta en la "planta de acabados"
Orlando Sánchez, economista de la Universidad de Antioquia, se jubiló de EPM cuando tenía 50 años porque no quiso acogerse a la "denigrante" Ley 100. "Me considero un privilegiado, eso ya no se vuelve a ver y todos los días agradezco a Dios que me iluminó".

Cuando no se ocupa con contratos ocasionales, Orlando se la pasa en su casa viendo televisión, durmiendo o revisando correos electrónicos de sus amigos, "sobre todo mensajes que alimentan el alma".

El Club Medellín es su segunda casa. Allí hay un salón de juegos más conocido como "planta de acabados", porque "somos un montón de viejos jugando cartas, tomando tinto y hablando de política". Cada año, desde hace 14 que se jubiló, Orlando se da gusto con un paseo al Caribe. Su sueño por cumplir: un viaje a Europa con su señora.