Histórico

Djokovic toca las puertas del cielo

COMIENZA LA RUTA del serbio hacia el número uno del mundo, con la disputa del Roland Garros. La historia del chico que creció en las montañas entre esquiadores, y ahora es el fenómeno del tenis.

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21 de mayo de 2011

Si no fuera con una raqueta, sus manos estarían llenas de queso y salami. Hoy, en sus brazos, se acumulan los trofeos de un chico que tiene el camino para ser el mejor del mundo: Novak Djokovic.

Nole, como se acostumbraron a decirle desde Kopaonik, pueblo en el que se crió en la joven república Serbia, es hijo de un pizzero que lo crió en medio de montañas para el esquí. "Fui ahí toda mi vida. Ahí es donde aprendí a jugar al tenis. Y por supuesto que todavía me gustan las pizzas y panqueques, ¡los de mi padre son los mejores!", recuerda el chico que hoy comienza el camino al número uno del tenis mundial.

Sus padres, Srdjan y Dijana, vivieron entre la nieve. Fueron esquiadores, instructores, hasta que pusieron la pizzería. Y en ese ambiente creció Novak, que desde los cuatro años tuvo una raqueta, desafiando los esquís tradicionales en la familia.

Todo bien hasta que el olor a pólvora en los Balcanes hicieron que la familia Djokovic (él serbio, ella montenegrina en un cruce político inviable) debiera buscar un mejor refugio para su hijo mayor, que a finales de los 90 ya jugaba tenis. El lugar fue Munich y su destino, la academia del extenista Nikola Pilic

"Imagínate cómo nos sentimos cuando se fue de casa. Muy duro. Pero Nikola lo cuidó como a un hijo. Y Novak desarrolló una independencia y un carácter que ahora le sirven de mucho", recuerda su madre en una nota reseñada por el diario Ideal de España.

Ya como un grandecito, la progresión de Djokovic ha sido imparable. En 2007 se convirtió en el jugador más joven en ganar el Máster de Miami, y al año siguiente se llevó en Australia el primer Grand Slam. Ahora toca las puertas del cielo.

En guerra
Serbia nunca ha podido tener un número uno del mundo en la era abierta entre los varones. En damas ya lo fueron Ana Ivanovic y Jelena Jankovic. Hasta Mónica Seles, con su doble nacionalidad de Estados Unidos y Yugoslavia, gozó ese privilegio. Pero entre los hombres, Nole es el más cercano al Olimpo.

No obstante lo joven de su nación, Novak nunca ha estado apático a ella. Y aunque creció en medio de la guerra de Kosovo, no muy lejos de su casa en las montañas, tiene un amor profundo por el territorio.

"Un recuerdo para todos aquellos que perdieron sus vidas durante los bombardeos en Yugoslavia de 1999. Hoy es 24 de marzo. Han pasado 12 años. 'Bog vas blagoslovio' (Que Dios os bendiga)", puso en esa fecha en Twitter (@DjokerNole).

Precisamente, internet puede que no sea clave de su éxito, pero sí en su vida. Es adicto a trinar y a montar videos en su perfil de Facebook. Sus trinos son en inglés, pero si gana en Roma agradece en italiano; y ahora en París balbucea en francés. Youtube revienta cada vez que suben sus imitaciones, que van desde Nadal, pasando por Federer, y hasta Shakira en parodia al video que hizo con Rafa.

Hoy, ese chico que se rió a carcajadas hace un par de semanas en Bogotá, que tiene cara de comediante gringo, y que le enseñó a medio mundo que en su idioma la combinación "DJ" manda la yé, es el oferente más preciso de un trono que parecía de Rafa o Roger hasta el momento del retiro de ambos.

Sólo necesita ganar en la arcilla parisina, sin importar el resultado de sus rivales. El serbio suma siete de siete (Australia, Dubai, Indian Wells, Miami, Belgrado, Madrid, Roma) y 37 victorias consecutivas en el inicio de temporada. Y está cerca de batir el récord impuesto por John McEnroe (1984, con 42 triunfos).

Ad portas de la gloria, Novak está en París en busca de la cima del mundo. Seguramente quisiera estar en la cima de Kopaonik, donde lo esperan sus padres, unos esquís y esa masa de pizza que le enseñó cómo se amasan los triunfos.