Histórico

Dos sorpresas que llegan con Bach

Mario Donadío y Federico Restrepo hacen parte de un grupo de lujo de músicos que interpretarán los conciertos Brandemburgo, este domingo, en el Teatro Metropolitano.

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07 de septiembre de 2012

Músicos de corazón pero no de profesión. Mario Donadío , luthier e intérprete del clavecín que construyó. Federico Restrepo , gerente del proyecto Autopistas de la Prosperidad, con su chelo, guardado desde hace siete años. A ambos les llegó la propuesta a propósito del Festival Internacional de Música y de una cita mágica: los conciertos de Brandemburgo, que se escucharán este domingo, por primera vez, completos.

Gonzalo Ospina , quien dirigirá este concierto, les hizo la propuesta, que al principio tomaron en broma y luego, asumieron con plena responsabilidad.

Sin ánimo de ganarse el protagonismo, -ambos lo dejan muy claro a cada instante-, están muy emocionados. Ensayan cada uno por su lado en las noches o en medio de sus actividades diarias y con la presión de que se escuche muy bien. No es cualquier desafío. Suena Bach.

MARIO DONADÍO: EL LUTHIER DE LOS CLAVECÍN
Un solo de cuatro minutos en el Brandemburgo número cinco hará vibrar las cuerdas del clavecin que Mario construyó  a imagen y semejanza de uno ensamblado en París, en 1779, y que reposa en el Museo de Edimburgo.  Al abrirlo, puede verse la perfección con la que la uña rasga cada cuerda y le da ese timbre tan característico de la música del Barroco. Mario los ha construido por  más de 20 años, luego de estudiar en Boston tecnología de pianos y de trabajar en una de las fábricas en E.U.  Con la partitura al frente y a veces, de memoria, se transporta hacia esa época en la que Bach compuso sus magistrales conciertos en un clavecín similar al que creó en su taller.

FEDERICO RESTREPO: EL MÚSICO E INGENIERO
Cuando volvió a coger su chelo alemán, Federico agradeció la memoria muscular de su cuerpo -aunque la primera jornada lo dejó adolorido en el brazo- y sintió esa magia con la que la música empieza a fluir. Por años tocó en varias orquestas, la Sinfónica y Filarmónica, hasta que llegó el momento en que el ingeniero desplazó al intérprete. Ahora que se sienta al lado de jóvenes que han hecho una carrera desde la Red de Escuelas de Música, se siente admirado del poder transformador de estos procesos. Los temores de hacer parte del concierto se compensan con la emoción de un reencuentro con la música, la que en realidad, nunca abandonó.