Histórico

El adiós de Bush y Uribe

18 de enero de 2009

Colombia le debe un solo favor a Bush, pero ese fue un favor monumental: haber permitido que la tecnología militar americana se utilizara en contra de las Farc, hasta llevarlas casi a la derrota.

El favor se produjo de una forma más bien accidental, como sucede tantas veces en la historia. Después de la tragedia de Samper, Clinton le dio a Pastrana el Plan Colombia para que combatiera el narcotráfico. Pero después de la comedia de Pastrana, Colombia estaba harta de las Farc y había escogido a Uribe para liquidarlas.

Entonces sobrevino el 11 de Septiembre y Bush se obsesionó con la derrota mundial del terrorismo. Fue la oportunidad dorada para Uribe: las Farc son terroristas y por tanto debemos usar el Plan Colombia para eliminarlas. Bienvenidos los dólares, los visores nocturnos, los aviones espía, los "contratistas", asesores o instructores que pelean en el Guaviare, entran al Ecuador y golpean a las Farc donde les duele.

El argumento por supuesto es "político", o por mejor decir, simplificado. Las Farc son terroristas (o, más exactamente, llevan a cabo acciones terroristas, que no es lo mismo). Y en todo caso su terrorismo nada tienen que ver con Al Qaeda, de manera que uno casi diría que la entente entre Bush y Álvaro Uribe se basó en la ambigüedad de una palabra.

Digo que casi, porque las Farc de todas formas siguen siendo enemigas de Estados Unidos: lo son por comunistas (lo cual en realidad no asusta hoy a nadie) y lo son por narcotraficantes -aunque no son los principales narcos de Colombia-.

Estos "detalles" o estas sutilezas no contaban en Washington porque la ideología republicana los tapaba: los terroristas son el mal ("evil") y quienes los combaten a muerte -como Uribe- son los buenos que están de nuestro lado.

Pero en este romance había un vacío. Cuando la prioridad cambió del narco a la guerrilla, palideció la razón para "pagarle" a Colombia su lucha contra la droga o para mantener las preferencias arancelarias que Bush padre le había dado a Gaviria en plena guerra con Pablo Escobar y Bush hijo había renovado hace seis años.

Perdido así nuestro carácter de excepción, nos convertimos en otro candidato para un TLC, cuya esencia es por supuesto el quid pro quo. Y en este punto se atravesaron los derechos humanos (los asesinatos de sindicalistas), ese otro vacío que la ideología republicana tenía tapado con el manto que sirvió para no ver Abu Ghraib, Guantánamo, el "waterboarding", las interceptaciones, la restricción del habeas corpus, las oscuras doctrinas de Cheney o los tortuosos memorandos de Gonzales.

Todo se vale contra el terrorismo, porque los buenos no hacen nada malo. Y sin embargo las libertades civiles y los derechos humanos son parte decisiva de la "herencia americana", y los abusos de Bush fueron duramente denunciados durante la campaña. Al mirar a Colombia, era pues de prever que un demócrata del ala liberal como es Obama se fijaría mucho más que Bush en la autorreelección, las peleas con la Corte y la parapolítica, seguidas de los falsos positivos y de la otra autorreelección que se avecina.

La merecida y positiva distinción que el Presidente Bush concedió como adiós al Presidente Uribe no es tan merecida si se piensa que la guerra de Estados Unidos es contra Al Qaeda. Y sobre todo no es tan positiva si se piensa que Uribe (a diferencia de Blair y de Howard) seguirá gobernando bajo Obama.

Y es porque Washington hará una nueva lectura de Colombia. Los ingredientes serán los mismos: terrorismo, Farc, droga, comunismo, TLC, sindicalistas muertos y estado de derecho. Pero la simplificación (Farc, terrorismo) ya comenzó a mostrar su ambigüedad y su simplismo.

Obama va a reordenar las prioridades o los énfasis. Y éstos serán distintos de los de Bush-Uribe.