El Año Económico 2011
El desempeño de la economía colombiana en el año que termina es positivo.
La tasa de crecimiento es satisfactoria; la inflación se mantiene dentro del rango fijado por la autoridad monetaria; la inversión crece a un buen ritmo; y el sector externo registra un comportamiento dinámico.
Los estimativos para los indicadores mencionados son: tasa de crecimiento, entre 5 y 6%; tasa de inflación entre 3.5 y 4%; nivel de inversión del orden de 28% del PIB; exportaciones en exceso de US$50.000 millones, e importaciones por un valor ligeramente inferior.
Estos resultados se han obtenido en un contexto de turbulencia internacional y de condiciones climáticas adversas.
Empiezan a hacerse evidentes los efectos de ciertas tendencias de largo plazo.
De manera gradual pero significativa, ha tenido lugar un fortalecimiento y profundización de los cuadros técnicos del Estado, así como su creciente estabilidad.
En consecuencia, la política económica colombiana ha ido adquiriendo un carácter consistente, predecible y poco noticioso.
Reformas institucionales implementadas en décadas anteriores le han permitido al país participar de manera más activa en la economía mundial, a la vez que tecnificar el manejo de la política monetaria.
El compromiso con un nivel de inflación bajo y estable contribuye a fortalecer el mercado de capitales, a la vez que protege el ahorro y el ingreso de los trabajadores.
Sería conveniente que el DANE presentara las cifras de desempleo en forma desestacionalizada. Evitaría así el desconcierto que producirá la reaparición de tasas de desempleo de dos dígitos en los próximos meses.
El incremento acordado del salario mínimo acentúa la segmentación del mercado laboral y perjudica a los desempleados y a los trabajadores informales.
A primera vista parecería que, a diferencia de lo que sucede en América Latina, el país no se hubiera dado por notificado de la existencia de la crisis internacional.
En términos coyunturales, la turbulencia externa ha tenido el efecto paradójico de corregir la sobrevaluación del peso, hacer aún más atractivo al país como destino de la inversión extranjera y permitirles a empresas colombianas comprar activos valiosos de multinacionales europeas y norteamericanas en dificultades financieras. Esta es una situación transitoria.
La levitación es un fenómeno más propio del realismo mágico que de la economía.
Por una parte, la reactivación de la economía posterior al año 2009 en Colombia se inició con retraso respecto al resto de los países latinoamericanos.
Por otra, términos favorables de intercambio que conllevan un aumento del ingreso, tasas de interés bajas, y amplia disponibilidad de crédito para respaldar el consumo de los hogares han contribuido a una notable expansión del mercado interno.
La previsible recesión en Europa en 2012, agregada a una frágil recuperación norteamericana y a la ralentización económica en los países asiáticos se reflejarán con mayor o menor intensidad en los precios de los commodities, la exportación de manufacturas y los flujos externos de capital. Aún en la ausencia de algún evento catastrófico, esas circunstancias condicionarán las perspectivas de crecimiento en el futuro próximo.
Tal como sucede con la guadua, la economía ha demostrado tener la adecuada combinación de flexibilidad y firmeza para resistir las tormentas.
Lo deseable sería que ahora se desplegara la misma creatividad para acelerar el crecimiento, procurar el logro del pleno empleo, y reducir la inequidad social.
Sigue pendiente un esfuerzo deliberado para transformar la estructura económica del país. Dicha tarea es esencial, si se quiere evitar que el auge minero-energético debilite el tejido industrial, agropecuario, y de servicios no vinculados al sector primario de la economía. Esos deberían ser los temas prioritarios de la agenda pública a partir de 2012.