El arte al servicio de la fe
Horizonte, el cuadro de Francisco Cano, sólo que con la geografía del Cañón del Chicamocha, es el telón de fondo de la decoración principal del Jueves Santo en el templo de Santa María del Carmen, en el Doce de Octubre.
Sí, fue una transformación obligada, porque el cuadro que había en la iglesia no alcanzaba para cubrir más de dos metros del rectángulo de la ventana situada arriba del altar, entonces Pedro Arenas, el sacerdote, debió encargarle a un artista amigo, oriundo de esas tierras santandereanas, que adaptara la imagen y éste plasmó la geografía de su departamento.
Adelante de Horizonte, elementos típicos de la antioqueñidad: tiple, alpargatas, hacha, carriel, ruana... y en medio de ellos, el Santísimo saliendo del maíz.
"Tenemos que volver a nuestros valores, a lo propio", explica Javier Villegas, el otro sacerdote, quien lleva más de 27 años allí.
El carriel pudo haber sido de un arriero, cuenta Pedro, porque lo prestó una mujer de 70 años y dijo que era de su abuelo; la ruana es del sacristán; la lámpara, de una cafetería; y "el tiple sí es mío", anota este religioso.
En esta iglesia, la ceremonia se hace entre todos. En la Hora Santa, de hoy, además de reflexiones sobre libertad, hay poemas de Epifanio Mejía y Jorge Robledo Ortiz, y un grupo de chicos bailan el ballet El Coro de los Esclavos. Y el viernes, después de las Siete Palabras, otro grupo representará la obra de teatro Judas, de Betuel Cano, la cual preparan desde hace tres meses.