Histórico

El Astor, 80 dulces años

Loading...
21 de agosto de 2010

El Astor es al sabor lo que el edificio Coltejer a la arquitectura y Botero al arte. Símbolos de una tradición antioqueña que nos hace sentir orgullosos.

Una historia dulce. Así es la del Astor, que está en sus primeros 80 años, porque ¡Ave María pues! si le faltan años para compartirlos con todos, propios y extraños.

Desde 1930, cuando el suizo Enrique Baer abrió el salón de Té Astor en Medellín, el chocolate se hizo arte y Junín su centro de exposición. Nadie se ha resistido a entrar al Astor, al menos para conocerlo por dentro y salir impregnado de ese calor humano y simpatía de sus dueños y empleados.

Pocos podrían decir que no tienen una historia que contar gracias al Astor. O porque allí se enamoraron o con sus chocolates, mazapanes, helados y toda la línea de repostería suiza hicieron sus mejores "conquistas".

Medellín no sería la misma sin el Astor. Toda la mística de sus dueños fundadores, el amor por el trabajo, la dedicación y el respeto por los otros, fueron de la mano del desarrollo urbanístico de la ciudad. El Astor vistió a Junín con el traje de la elegancia y las buenas costumbres, que hasta el sol de hoy permanecen tan frescas y provocativas como sus manjares, tantos, que nos tardaría degustarlos poco más de dos años, si probáramos uno por día.

Los más de 150 empleados, la mayoría mujeres cabeza de hogar, pueden sentirse orgullosos de haber convertido al Astor en ese símbolo de dulzura que ojalá se extendiera, como el olor, por todo Antioquia y el país.

Dulces y felices 80 años.