El barro de "maese" Pablo
Pablo Jaramillo, el ceramista, el maestro, el poeta del barro, ya tiene casa... con raíces en sus raíces y para echar raíces en Sonsón, su tierra natal.
El alcalde Jesús Antonio Giraldo le asignó la casa que otrora fuera del padre Henao, a media cuadra de la plaza. Y la casa tiene nombre: Casa Museo Pablo Jaramillo, con seis habitaciones para recoger una buena "muestra" de la extensa obra del incansable hombre de carne y hueso a quien si le quitan el barro... le queda sólo el hueso.
Con gracia sin igual este antioqueño transforma la sencilla materia prima en una obra de arte pequeña o inmensa como sus murales en el Icetex, la Biblioteca Pública Piloto o la sede de Interconexión Eléctrica -ISA- en Medellín, entre otras.
Poco más de setenta años de vida y casi setenta de trajinar con barro muestran por qué estamos ante un alfarero bien cocido y justamente reconocido como Maestro, pues quizás enseñar es lo que más le gusta: enseña a mirar, enseña a descubrir, enseña a expresar... enseña a vivir. Quienes lo conocen saben que esta nota no es exagerada o talvez sí, pero exageradamente corta. El objetivo no era otro que contarles que el 4 de agosto se inaugurará una Casa Museo que no será ninguna embarrada. Vamos donde el Maestro para que nos diga de qué estamos hechos.
PAUSA. Mala suerte de Juan Pablo Montoya. Iba de primero y lo partieron por velocidad.
¡OCHENTA MIL! Hace algunos días escuché un debate de sabios capitalinos donde se hablaba de una medida de la alcaldesa de Bogotá con la que se prohibía vender licor de las once de la noche a las once de la mañana. Se esgrimieron todos los argumentos que usted quiera hasta que uno de los "panelistas" dijo que la medida iría a chocar contra la economía DE OCHENTA MIL PEQUEÑOS NEGOCIOS que vivían de vender "trago".
¿Se dan cuenta de la monstruosidad? Se permite vender trago en ochenta mil sitios en una ciudad de siete millones de habitantes. Y eso no molestaba a los sabios que seguían hablando de la libertad de empresa, de las prohibiciones absurdas, en fin, de todo lo que no es así. Y en esta semipelada cabeza vi la respuesta a todo el bla bla blá de los sabios panelistas.
No hay que ir muy lejos. El mal está en la educación y a la par el empleo para quienes en este país desigual, y en el podio de las brechas, puedan ocupar su tiempo en cosas distintas al delito, las borracheras y la corrupción general.
Algo grande nos enseñan los musulmanes: no consumen alcohol y apenas sí se dan sus pitaditas en el narguile. Ochenta mil borracheras, ochenta mil guayabos... siga diciendo pendejadas mi "dotor" querido...