El Cauca pega duro en la vereda El Golpe
EL DESBORDAMIENTO DEL río afectó unas 70 familias en Concordia, que tuvieron que abandonar sus casas. Algunas se instalaron en la vía, otras en el monte y algunas más armaron ramadas. La Alcaldía gestiona la reubicación para las primeras 30 familias.
Yéssica Lorena Restrepo, madre de una bebé de dos años, pasó de vivir en una casa "decente", como ella la llama, a habitar un chiquero donde antes una vecina engordaba cerdos.
Adriana, otra madre entristecida por la desgracia, habitaba un rancho grande y organizado, pero ahora vive encaramada a la montaña, en un rancho de tablas, mal tapado con plásticos, sin un baño y ni cómo hacer sus necesidades fisiológicas, "por ahí en el monte, donde uno pueda esconderse", dice.
Y Libardo Antonio Álvarez Rojas, de 63 años, tuvo que emigrar a una carpa de plásticos cuando hasta hace unos meses vivía en una casa grande y bien equipada, con su esposa y sus cinco hijos.
"El río siempre ha sido un riesgo, pero esta vez bajó muy fuerte y se llevó todo", comenta y da gracias a Dios que al menos salvó la vida, "porque nos dimos cuenta a tiempo y pudimos correr".
Eso sí, el caudal de Cauca, arrasador, como una estampida de elefantes, arrastró enseres, camas, neveras y todo.
No sólo de él, de Yéssica y Adriana. También de un grupo de familias, dice la Alcaldía que 70, habitantes de la vereda El Golpe, de Concordia, a orillas del Cauca, en la vía que conduce del Suroeste a Santa Fe de Antioquia.
Es muy penosa la situación que viven estas familias, pues de vivir cómodamente pasaron a la ruina, pues además de que quedaron sin nada su mejor fuente de recursos, que era el río, ya no les produce nada.
"Por acá todos trabajamos en él, sacando arena, pescando o en minería, pero en las condiciones en que está, nadie se puede meter", dice Adriana Sánchez, a quien le tocó encaramarse a la montaña, hacer un rancho de endebles palos de madera y cubrir parte con unos plásticos que le regaló la Alcaldía.
Añade que su esposo trabajaba como arenero y ahora están viviendo casi de la caridad, pues no hay ingresos y, según sus palabras, "somos una familia olvidada, porque cada que llegan a repartir ayudas no nos dan que porque nosotros somos de la lista de damnificados del año pasado", dice la señora, que habita el lugarcito con una niña de 8 años y su esposo. Mientras llega una solución, se sienta hundida en la tristeza en una vieja silla y escucha vallenatos en una grabadora que el río destruyó pero que, extrañamente, su esposo le siguió sacando sonidos.
"Es lo único que tengo, música gangosa, porque acá no hay ni baño", se lamenta.
En el chiquero
Igual de triste es la situación de Libardo Álvarez, quien habitaba hace 14 años una casa cómoda a la orilla del Cauca, una vivienda que le dieron para reemplazar la que tuvieron que tumbar los constructores de la carretera a Santa Fe.
"Fue una indemnización y creí que quedaba bien, pero vea, el río se la llevó, creo que merecemos otra indemnización, porque fue el gobierno el que nos ubicó ahí".
Con sus ojos melancólicos y habitando unos plásticos que para mantenerse en pie se amarran a unos palos, espera un mejor destino para su esposa sus cinco hijos y él, que sólo sabe trabajar, pero en semejantes condiciones, "¿cómo?", se pregunta. Lo peor es que encaramado en la montaña, tampoco está libre de peligros, pues "arriba hay rocas gigantes que pueden bajar y matarlo a uno", apunta Adriana.
Y ni qué decir del caso de Yéssica, que desde diciembre habita el chiquero de tres metros con su mamá, su hermana, su esposo y su bebé, sin ver aún una solución.
"Acá no hay agua ni baño, para las necesidades tenemos que ir donde los vecinos y es muy incómodo", dice la joven madre, que tampoco está a salvo del todo, pues el Cauca también amenaza su nuevo hábitat. Dios y la compasión de sus vecinos y de pronto una buena gestión de la Alcaldía son sus esperanzas para que la vida no se le acabe de hundir.
Diego Restrepo, secretario de Gobierno de Concordia, confirma que ya la Alcaldía adquirió un lote para reubicar a las primeras 30 familias damnificadas. Para esto esperan la ayuda de la Gobernación y de Colombia Humanitaria, "les hemos llevado carpas, mercados, colchonetas y asistencia humanitaria, pero el problema es muy grave, son familias que están sufriendo", reconoce.
Ayer el Cauca bajaba un poco manso, pero alguien decía que se avecinaba una borrasca. Por eso la tensión, por eso es que en El Golpe nadie duerme en paz, "uno aprende a distinguir cuando el río viene bravo, el sonido lo anuncia y uno está listo pa'salir", dice Yéssica.
Pero a veces no es así, en ocasiones sus arremetidas suelen ser más rápidas que la reacción humana. Por eso suele causar tanto desastre.