El comedor necesita más que pan
LA COMUNIDAD ESTUDIANTIL de Vallejuelos requiere una nueva sede para que su comedor no desaparezca. Una obra de caridad que necesita una mano amiga.
Aunque faltan 20 minutos para la hora del almuerzo tres niños dan ronda por la casa de la hermana Amparo Montoya.
Mientras se llega la hora, la religiosa carmelita les da unas galletas y unas cuantas recomendaciones.
No es raro que tengan hambre. Ese día, en plena semana del receso de octubre, en el comedor del corazón Teresa Benedikta de la Cruz no se repartieron desayunos.
A unas cuadras de la casa de las carmelitas misioneras queda el comedor, al que diariamente llegan 250 niños en busca del alimento que muchas veces no encuentran en sus casas.
Yarlis y Yorledis, hermanas de 12 y 10 años, caminan apresuradas hacia el lugar. Saben que deben llegar a la hora citada pues la puntualidad es condición en el comedor.
Ya hace parte de su rutina diaria. Antes de que en la Institución Educativa Vallejuelos inicie la jornada de la tarde el paso por el comedor es sagrado.
Detrás de ellas, vienen niños y ancianos que bajan de la montaña por la que desciende la línea K del metrocable sin importar el sol o la lluvia con la que amanezca el día.
"No se puede tirar el programa", comenta la religiosa de la situación actual que enfrentan tras adelantar una obra de diez años con la comunidad del lugar.
Por ahora, y mientras el dinero no sea un impedimento para continuar con su obra, prestan el servicio en un espacio prestado.
En 2009 una falla geológica obligó a evacuar su sede y ahora pese a la incomodidad siguen entregando los alimentos.
Con el apoyo de la fundación Saciar, Amparo y sus tres compañeras se han convertido en una bendición para la comunidad de los barrios Vallejuelos, El Olaya, Las Margaritas y la Arenera, de la comuna 13.
No es sólo el alimento que encuentran. Del comedor, cuenta la religiosa, han hecho un centro de formación en valores.
En ese lugar se cultivan la limpieza, el orden, la convivencia y la honestidad. "Como la necesidad es tan grande no se descarta la posibilidad de que se reclame dos veces la ración diaria".
Antes de recibir el alimento, que preparan las propias mamás, todos se disponen a agradecerle a Dios y pedirle por el bienestar de sus benefactores.
El departamento de pastoral del Colegio Salesiano Pedro Justo Berrío hace parte de ese grupo que, desde el otro lado de la ciudad, no los olvida.
Desde hace dos años, en cabeza del padre Jairo Arcos, un grupo de estudiantes realiza visitas sabatinas para realizar jornadas de recreación con los niños.
Hoy están comprometidos con la construcción de la nueva sede que necesitan.
Ya tienen el terreno y 45 millones de los 200 millones de pesos que, presupuestó el arquitecto, cuesta la construcción.
Una buena parte fue entregada por los padres de familia del Pedro Justo y la otra se ha reunido a punta de bingos promovidos por el párroco de Santa María de Alacoque. La que será la nueva sede, es vecina de la modesta casa de las carmelitas. Hasta ahora, una plancha y unas cuantas columnas toman la forma, de lo que sueñan todos, sea su próximo comedor.