Histórico

El conflicto muere con educación y humanismo

EL COLEGIO JOSÉ Acevedo y Gómez lleva 18 años funcionando en Guayabal. Le ha visto la cara a las problemáticas que ha tenido el sector, pero ha salido vencedor con un modelo de educación incluyente.

Loading...
02 de abril de 2011

El Colegio José Acevedo y Gómez se levanta en un rincón de Guayabal. El amarillo del adoquín se deja ver desde la avenida, por la calle 8 sur, por donde solo cabe un carro a la vez.

Detrás de la cotidianidad del barrio se escuchan los gritos de los estudiantes. Más allá, después del caos, solo queda el silencio del cementerio Campos de Paz.

Hace 18 años la institución está en la comunidad. Ha vivido de cerca todos los procesos de conflicto que han afectado a los barrios El Bolo, La Colina, La Colinita y La Raya. Sus principales actores recibieron clases allí.

Entonces, hay una característica de la institución, sabe lo que pasa. Le conoce la cara a las problemáticas de la ciudad en la que educa.

Justo en la entrada del bloque principal, una frase se levanta: "La democracia es la dictadura de las mayorías". En el José Acevedo y Gómez se han caracterizado por algo: enseñar sobre las bases del humanismo. Hay cosas que no se cuestionan. Hay otras que no se imponen.

Educación incluyente
A Dayana Villegas, una niña de palabras elocuentes y rápidas, que ya este año se gradúa, lo que más le gusta de la institución es que puede desarrollar su autonomía.

"Eso es fundamental y es lo que más nos ayuda, porque los profesores no se interesan por cómo nos expresamos. Ellos se interesan es porque seamos personas", lo dice mientras juega con el piercing que adorna su labio inferior.

Cuando el colegio empezó, gracias a la agremiación de varios maestros, decidieron que el proyecto debía ser diferente. En palabras del rector de la institución, Jaime Sierra, debía ser un modelo "más abierto y mucho más democrático, que le permitiera a los muchachos encontrarse con otras realidades diferentes a las que ya habían tenido con la academia".

Esa propuesta era necesaria debido a las características sociales del sector. Los profesores sabían que los muchachos de los barrios aledaños llegarían hasta la institución, y que era necesario que ese espacio se convirtiera en un descanso para ellos. En un cese del conflicto.

Los estudiantes de hoy tienen clara la situación de la ciudad. "Todos los ciudadanos estamos participando directamente de la violencia. En la comuna la situación se evidencia, pero pienso que el estudio nos ayuda mucho y es la salida que tenemos. Hay que enfocarse en estudiar, solo así se escapa del conflicto". Eso dice Dylan Vasco, contralor del colegio, mientras mueve sus musculosos brazos, como si estuviera improvisando un rap.

Un modelo diferente
Jaime Sierra está convencido de que uno de los problemas de la educación en Latinoamérica es que se implementan modelos que funcionan en otras partes del mundo, pero sin el mismo presupuesto.

"No tenemos una educación que esté acorde con nuestras realidades. Es algo muy alejado de nuestras capacidades económicas y no tiene en cuenta las tragedias de esta sociedad. Además, es necesario atender las necesidades del maestro. Eso es fundamental", sostiene.

Julián Chavarría, otro estudiante de grado once, cree que una de las fortalezas de la educación en el José Acevedo y Gómez, es que las clases tienen el componente teórico, pero también se generan otros espacios donde democráticamente se propician contenidos pedagógicos y de diálogo. "Hay inclusión y por eso este modelo cambia vidas".

"El problema es que aquí llegan jóvenes que le tienen miedo a la institucionalidad, porque han estado en una sociedad que de una u otra manera los ha rechazado y nosotros los aceptamos", sostiene el rector.

El estudiantado no es inmune a la situación de violencia. Pero Sierra afirma que "esos problemas se quedan en la puerta. Ellos aquí encuentran es un espacio de diálogo y por eso es que muchos de ellos cambian. Aquí no hay juicios, aquí hay ayuda de nuestra parte, pero sin obligación".

Llegó la hora del descanso. Algunos estudiantes pasan y saludan al rector. Como en todo colegio hay diferentes grupos. Aquí se distinguen por los peinados, las gorras y los piercing. "Yo estoy contento con los resultados que tenemos, pero nos falta mucho. Ellos tienen que ser más felices", dice Jaime Sierra.