Histórico

El dilema de Hamlet

Loading...
24 de septiembre de 2011

Vigésimo sexto domingo ordinario

"Un hombre tenía dos hijos: Dijo al primero: Ve a trabajar a la viña. Él contestó: No quiero, pero después se arrepintió y fue. Al segundo le dijo lo mismo y este respondió: Voy, señor, pero no fue". San Mateo, cap. 21.

"Ser o no ser". Hamlet lo declaró con intenso dramatismo. Es nuestro problema y también el de todos los hombres. Somos a medias. Hoy nos acercamos al ideal, mañana lo perdemos de vista. Hoy confesamos nuestra fe en Cristo, mañana renegamos de ella. Hoy somos fieles a nuestros deberes, mañana quebrantamos los más serios compromisos.

Jesús conversa con los sumos sacerdotes y los ancianos, en las afueras del templo de Jerusalén. Allí les cuenta la parábola de los dos hijos. Y luego les pregunta: ¿Quién de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, respondieron.

¿A cuál de los dos nos parecemos nosotros? Casi siempre al segundo. Hacemos bautizar nuestros hijos, pero no los educamos en la fe. Luchamos por matricularlos en un buen colegio, pero somos avaros de nuestro tiempo para formarlos.

Deseamos que se casen por la Iglesia, pero no les damos imagen de matrimonio-sacramento. No proyectamos un amor maduro y responsable.

Nos preocupa la situación social que atravesamos, pero evitamos todo compromiso. Se supone que pertenecemos a la Iglesia, pero nuestra relación con ella es de nombre.

Otros rechazan de entrada la invitación de Jesús. ¿No serán más sinceros que nosotros? Quizás los desconcierta nuestra imagen: de un lado las palabras, del otro una vida sin marca de cristianos.

No sabemos si infortunadamente, o por fortuna, todo camina en este mundo, dentro del "ser o no ser" que expresó Hamlet. Todos somos a medias, o mejor dicho, intentamos ser cada día.

Pero Dios sabe de qué pasta somos hechos. La bondad de alguien es el resultado de una diaria reconciliación, entre lo que deseamos y lo que hacemos, entre nuestros ideales y nuestros pequeños logros.

O mejor aún: entre la inmensa bondad de Dios que nos apoya y el esfuerzo de nuestros pasos vacilantes.

(Publicado el 27 de septiembre de 1981)