EL EFECTO DE UN FALSO TRINO
No se sabe qué es peor: la credulidad de la gente ante cualquier trino o la irresponsabilidad de quienes publican mentiras en las redes sociales. La euforia colectiva de la semana pasada en Barranquilla a raíz de unos trinos falsos, quizá se equipare con el pánico colectivo que en 1938 se desató en Nueva York tras la narración radial de la novela de ficción La guerra de los mundos, que hizo creer que el mundo estaba siendo invadido por marcianos.
Y aunque en tecnología el mundo ha avanzado exponencialmente, en capacidad de comprensión humana no ha pasado lo mismo. Lo que tenemos que ver aquí es la fragilidad de una gran parte de esta sociedad crédula, que sigue pensando que todo lo que se dice en los medios informativos (incluyendo las redes sociales) es como "palabra de Dios".
Por eso es tan importante desarrollar la capacidad de comparar, contrastar y no quedarse con la información que se ofrece en un solo sitio. Generalmente la información tiene una intencionalidad y quien la recibe debe hacer básicamente dos cosas: primero, entender dónde nace esa información, para medir qué tan veraz puede ser; y segundo, contrastarla con otros medios, para saber si efectivamente el acontecimiento sucedió.
Por eso hoy se duplica la responsabilidad y seriedad de los medios tradicionales de información; porque si bien las redes sociales han permitido la pluralización de la información (importante para desmoronar monopolios), también han permitido la existencia de mucho charlatán difundiendo cuanta payasada se le ocurre. Y ante tanto ruido, la mesura y fundamento de los medios serios es lo que marcará el equilibrio.
Y en este momento coyuntural de nuestro país, cuando los ánimos han sido exasperados en buena medida usando las redes sociales, se debe, por un lado, aprender a no creer todo lo que se dice en ellas: entre otras porque la información que aparece en cuentas personales o de "empresas" recién aparecidas no tiene el sello de profesionalismo y responsabilidad que se supone tienen las cuentas de los grandes y tradicionales medios informativos (aquellas cuentas generalmente son subjetivas, apasionadas y cargadas de intencionalidad para manipular masas). Y por otro lado, siempre se debe tener la precaución de esperar a que la información pueda ser contrastada con los medios de más trayectoria, donde periodistas profesionales puedan certificar la veracidad. Una importante alerta genera la reacción del público barranquillero. Los desmanes sucedidos esa noche, por un falso trino, no deben volver a pasar ni por ingenuidad ni por ignorancia.