El Eln y un diálogo necesario
Hablar de diálogo con el Eln es tan alentador como incierto. Una guerrilla veleidosa (cambiante) con la que los últimos tres gobiernos no han podido ponerse de acuerdo. Ojalá se amplíe la iniciativa de paz.
Hace dos meses el presidente Juan Manuel Santos dijo que esperaba que, más temprano que tarde, el diálogo con el Eln comenzara. La última semana ha traído varias señales favorables al inicio de un proceso de paz entre esa guerrilla y el Gobierno, pero lo que todos sabemos es que se trata de un interlocutor obstinado y arisco. Con frecuencia poco fiable.
Ya hace quince años, en Maguncia, Alemania, se comprometió a no secuestrar ancianos ni niños, pero solo meses después sus acciones demostraron lo contrario. Siempre criticaron que a la guerrilla la permeara el narcotráfico, pero hoy sus frentes manejan parte del tráfico de alcaloides en departamentos como Nariño, Bolívar, Santander, Arauca y Chocó. El "discurso eleno" está emparentado con la defensa de los recursos naturales, pero sus subversivos son responsables de numerosas voladuras a la red petrolera y la destrucción de fauna y flora. Para la muestra el ataque en 1998 al oleoducto Cusiana-Coveñas, en Machuca, nordeste de Antioquia, con 84 muertos y una cicatriz imborrable.
Además, el Eln no se queda atrás de las Farc en materia de secuestros. Según el último informe del Centro de Memoria Histórica, esa guerrilla es autora del 30% (2.724) de los plagios cometidos y confirmados en Colombia en los últimos 40 años. Y se le atribuye el 25% (8.725) de los secuestros que no tienen una autoría plenamente establecida.
Con el Eln se han creado en los últimos 17 años mesas de exploración de paz en España, Alemania, Venezuela y Cuba. También en el territorio nacional, en San Pablo (Sur de Bolívar) y en Río Verde (Oriente de Antioquia), pero todos esos escenarios terminaron nublados por la frustración.
Es conocido que dentro del llamado "Comando Central" del Eln sobreviven posiciones muy contradictorias: de las pragmáticas y moderadas de alias "Pablo Beltrán" a las más ortodoxas y guerreristas de alias "Antonio García".
Hay que relacionar estos hechos para advertir toda la importancia que tiene aterrizar, de una vez por todas, un diálogo con el Eln, pero a sabiendas de las dilaciones y las complicaciones siempre presentes en los acercamientos preliminares. ¿Ha llegado la hora?
En la oportunidad actual, el presidente Santos le exigió al Eln cesar el secuestro y devolver a los cautivos. Ya liberaron al cabo del Ejército Carlos Fabián Huertas, pero llama la atención que siga en su poder, desde el 18 de enero, el canadiense Jernot Wober, por cuya libertad se presume media un pago millonario.
La llegada del Eln al actual proceso de paz es clave si se piensa que una terminación del conflicto solo con las Farc significaría extender los males que el Eln le causa al país, e igualmente implicaría redefinir los mecanismos de justicia transicional y de participación política que permitirán desactivar, totalmente, la violencia subversiva en el país.
Si los tiempos de conversación con las Farc se tornan preocupantes, qué decir de los que puedan pactarse con el Eln. Aunque en mesas separadas, es propicio que Gobierno y Eln exploren salidas negociadas, previa constatación de gestos de paz de esa guerrilla.
El Gobierno debe advertir que en la propuesta de diálogo y paz del Eln siempre ha estado presente la "Convención Nacional". Por eso su alianza reciente con las Farc suena muy proclive a presionar una Asamblea Constituyente, la misma que, por ahora y mayoritariamente, el país rechaza. Entonces, habrá que hablar, sí, pero teniendo claras las calidades de este interlocutor veleidoso y difícil.