El interior que refleja el arte de María Cecilia
Ahora vive un proceso, el de la espiritualidad, ese profundo toque que se refleja en su arte. "Vean la obra en silencio para que sientan. No cuestionen qué es esto o cómo se hace. Pregúntense qué me dice esto", recomienda María Cecilia Isaza Orozco a sus amigas.
O a quien quiera visitar las diez obras, de su serie Color, que exhibe en la Biblioteca Pública Piloto, con curaduría de Luis Fernando Valencia. Para ella, el arte se experimenta, no se explica.
De allí que se haya quedado absorta con Rothko, o extasiada ante los cuadros de Goya, algunos de sus referentes que ha seguido en el camino del arte, luego de años de estudiar y prepararse, de forma paralela, a su carrera de laboratorista.
Ahora, dedicada de lleno a explorar la plástica, ha dejado por un rato el lienzo, para acoger la fotografía, esa de gran formato, inmensa ante el espectador.
En cada imagen "organizo cosas y tomo la foto", dice escuetamente. No se inspira en nada, añade. Tampoco pretende agregar elementos al análisis, deja que la obra hable por sí misma.
Para ello, medita, lo hace con disciplina, tratando de recabar lo que lleva en su interior. Y con todo ese trabajo hace la magia. "Dejo que mi arte refleje mi espiritualidad", esa en la que hay profundidad, madurez y en esencia, paz. La que quiere contagiar a los espectadores.
A ella se le puede encontrar con su cámara profesional, dejando en cada clic una intención. Como también lo hace cuando viaja y recoge inspiración en una exposición, en la historia del arte, en una calle en Nueva York o en su casa en El Retiro.
María Cecilia se atreve a contar lo que trabajó en cinco meses con la idea de que otros puedan adentrarse en su reflexión, "un mundo para ser experimentado sensiblemente, sin búsqueda de racionalizaciones", como dice el curador. Una invitación que no hay que dejar pasar por alto. Vea Color hasta el próximo 10 de septiembre, en la BPP.