Histórico

EL MANDAMIENTO NUEVO

14 de agosto de 2014

Toda vida es vocación, llamada a existir. Cada uno viene a la existencia con el mandamiento de amarse a sí mismo, como concretización del amor del Creador, y fundamento del amor a los demás, a todos los seres de la creación.

Mandamiento viene de mandar, que es encargar, encomendar, manifestar la voluntad de hacer algo. Un mandamiento puede ser, más que una imposición, una inclinación natural. Para los ojos, ver; los oídos, oír; la nariz, oler; la boca, hablar; las manos, tocar; los pies, pisar; el corazón, amar.

Los ojos pueden ir en contra de su inclinación natural no mirando. Actuar así es quebrantar el mandamiento de mirar, lo mismo que los oídos, no oír; la nariz, no oler; la boca, no hablar; las manos, no tocar; los pies, no pisar; el corazón, no amar.

Antes que imposiciones, los mandamientos pertenecen a la cotidianidad, a la inclinación espontánea de las cosas, y ponerlos en práctica es algo tan natural como benéfico y estimulante.

Hablamos de diez mandamientos, y también de tres: amar a Dios, y al prójimo como a mí mismo. Hay aquí un tercer mandamiento, el amor a sí mismo, fundamento del amor al prójimo. Sensacional por desconocido, pues no lo cultivamos por confundirlo con vanidad, soberbia, egolatría.

Jesús nos dio un mandamiento nuevo, uno solo, amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. Especificado así: nadie ama tanto como aquel que da la vida por sus amigos.

Cuando Jesús dice: "Yo y el Padre somos uno", nos indica que amor es unidad de dos, unidad tan perfecta, que puede añadir: "El que me ve a mí, ve al Padre". Los amados son transparencia, sacramento, el uno del otro.

La encarnación es la máxima garantía del amor divino, haciendo espacial y temporal lo inespacial e intemporal que es Dios. Jesús es el mandamiento de los mandamientos. En Él veo, oigo, huelo, gusto, toco, piso, entiendo y amo a Dios.

Me estremezco de saber que todo en mí es mandamiento de amar. Mirar con amor, escuchar con amor, oler con amor, hablar con amor, tocar con amor, recordar con amor, entender con amor, sentir con amor. Compromiso abrumador.

El salmo 118 (97-99) ora así: "¡Cuánto amo tu ley…: todo el día la medito. Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña. Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tu preceptos", unificados en Jesús, el mandamiento del amor.