EL MERCADO EDITORIAL
Desde hace un tiempo he observado con preocupación el crítico estado en el que se encuentran las pequeñas librerías de este país. A falta de que la gente invierte poco en libros, las pequeñas librerías deben luchar todo el tiempo con la negligencia de las grandes editoriales, con la poca experiencia de los vendedores que dan la impresión de que no se leen ni el horóscopo.
Para empezar, ciertas editoriales no han aprendido a diferenciar una librería de otra y creen que todas quieren lo mismo, no ven que muchas veces un libro que se vende bien en la Librería Nacional o en Panamericana no siempre tiene éxito en las librerías independientes, las cuales prefieren elegir su propio catálogo, muy bien seleccionado, para formar lectores que no se dejan convencer por las insípidas recomendaciones de una presentadora de televisión que leyó, si mucho, las solapas del libro.
El problema aquí es que las grandes editoriales no siempre escuchan a los pequeños libreros. He visto con desparpajo cómo un librero pide algo que sabe que es muy bueno porque lo estudió y quiere que las personas que frecuentan su librería lo lean, lo disfruten tanto como él, y lo que llega, semanas después, son un montón de cajas con libros que él no pidió y que no le interesan. ¿Esto qué implica? Que el pobre librero sienta una frustración terrible, y a la par una vergüenza, porque lo que le prometió a su grupo de lectores no llegó cuando lo esperaba. Además, debe destinar mucho tiempo para ingresar al sistema cada uno de esos libros que considera basura, crear títulos, etc., para hacer lo antes posible la respectiva devolución; las pequeñas librerías, al no tener bodegas enormes, no se pueden dar el lujo de tener cajas repletas de cosas que no se pidieron.
¿Cuándo será que las grandes editoriales entienden el papel que cumplen las pequeñas librerías y ponen entonces a personas que sepan de libros, no solo de catálogos? ¿Cuándo será que los vendedores leen más para que hagan recomendaciones específicas y aprenden a escuchar, a defender a los libreros?
Algo similar debería considerarse en ciertas librerías donde se invierte mucho en un "ejército" de vigilantes que rondan los pasillos y miran con sospecha a todo el que entra, mientras desde la atalaya otro más le pone el sello de "¡Ladrón…" Los dueños de estas librerías deberían invertir esa platica en formar grandes libreros como lo hizo hace años la librería Continental aquí en Medellín.
Yo conozco libreros que creen en esto, que tienen clarísimo que si algo los diferencia es el criterio; por eso se niegan, incluso, a vender más de lo que las editoriales quieren que se venda porque ellos quieren que sus librerías sean pequeños nichos de placer, de libros inesperados. Los buenos libreros saben muy bien que tienen lectores, no clientes; las editoriales responsables también deberían saberlo.