Histórico

El misterio habita los Valles Calchaquíes

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27 de octubre de 2008

Argentina no es solo Buenos Aires, Bariloche o los helados glaciares. En el Norte, en la frontera con Bolivia, Chile y Paraguay, hay una tierra que fascina. Salta, a dos horas quince minutos de la capital argentina en avión, es una ciudad colonial, recostada en el Valle de Lerma. La capital de la provincia homónima da la bienvenida a una tierra seductora y agreste.

La histórica ciudad, de arquitectura hispánica, fue fundada en 1582 y es reconocida como una de las más bellas de Argentina. Su plaza principal está rodeada de recovas; la Iglesia de San Francisco y la Catedral Basílica, antiguos edificios de gobierno, como el cabildo; casas con inmensos patios hacen parte de su paisaje urbano, en el que se encuentra un museo hecho para albergar tres cuerpos hallados en los Andes. Los niños indígenas murieron, según las investigaciones, durante un rito ceremonial y se conservan casi intactos gracias a la congelación.

Una tierra para disfrutar del paisaje y también de una gastronomía con recetas típicas como las empanadas, las humitas y los tamales. Se habla de una ciudad con una rica vida comercial, que tiene un proyecto a gran escala para que haga parte de las rutas turísticas de Argentina. Y para ello trabajan de manera directa con Destino Argentina y en Colombia con Aviatur

Por eso el énfasis que se hace en la construcción de hoteles de lujo, por eso la organización de los destinos como los de Cafayate, Molinos y Colomé, donde se producen los excelentes vinos del norte en pequeñas y grandes bodegas, y que muestran con especial gusto aquel conocido como el Torrontés, producto de una cepa blanca que es un emblema nacional, y cuyo color entrega unos tonos verdes y amarillos y un aroma a jardín recién podado, que inspiran a quien lo bebe.

Para ir a Cafayate desde Salta, se atraviesan los Valles Calchaquíes y la Quebrada de las Conchas. Un paisaje que es una obra de arte de la naturaleza, zona rocosa, desértica. Un paisaje de formas caprichosas que cambian con el paso de los días y con los vientos. Rocas que sugieren las huellas del deshielo de hace miles de años, como si fueran arañazos y que ofrecen figuras claramente reconocibles, como un monje o un simio, por ejemplo. Otras logran algunas maravillas, como el auditorio, escenario natural con una acústica singular, por lo que allí se hacen conciertos; está también la llamada Garganta del diablo, un imponente lugar que invita a ser recorrido, incluso a escalarlo, aunque estas formaciones rocosas no son propicias para practicar este deporte por la inconsistencia del material.

En el recorrido por los Valles Calchaquíes se observan ríos secos que son bañados por las aguas una o dos veces al año, por eso no deja de sorprender la fertilidad de la tierra, y por momentos el paisaje se torna verde intenso gracias al cuidadoso riego. Y sorprende ver los viñedos en tierras altas que se abren al visitante para ser descubiertos y donde se unen enólogos, agrónomos y gerentes en la búsqueda de la excelencia.

Cafayate, una ciudad de unos quince mil habitantes, es un lugar rico en historia. El tiempo por momentos parece detenerse. Una ciudad donde aún es posible hacer la siesta entre la una y las cinco de la tarde y donde los jazmines alegran la mañana con una fragancia que sale de los patios que se han sabido conservar con el paso de los años.

Desde Cafayate, a unas cuatro horas (tres por carretera destapada), se encuentra una población llamada Molinos. Calles angostas, casas antiguas, la iglesia de San Pedro Nolasco del siglo XVIII, colonial y discreta, dan vida a este silencioso punto en la geografía Calchaquí. Como a veinte minutos de este lugar, a 2.300 metros de altura, se encuentra una de las bodegas más importantes de Argentina, la Estancia Colomé, a donde el visitante podrá quedarse pues hay un lujoso hotel boutique. Un lugar inaugurado en 1831, que aún tiene cepas Malbec y Cabernet Sauvignon importadas en 1854 de Francia y plantadas con sus raíces originales.

Los Valles Calchaquíes tienen mucho de misterio. Una visión sobrecogedora que permanece en la memoria y una experiencia singular en ese bello país que es Argentina.