El Niño Dios leyó cartas de mil pequeños
Los niños corrían moviendo la bola blanca de su gorro de Navidad. Los perseguían jóvenes con camiseta blanca que, de seguro, les iban a zampar un abrazo. Y todo terminaba en muchas risas, como si les estuvieran haciendo cosquillas.
"A jugar", dijo Sara Michel Grisales, de 9 años. Desde muy temprano la habían llevado a El Tesoro, para que, junto a otros 999 niños de escasos recursos, pasaran una mañana divertida, en compañía de jóvenes voluntarios.
Y eso que no se esperaban el final: la carta del Niño Dios que escribieron en octubre y en noviembre, se les iba a hacer realidad. "Si pidieron una patineta rosada, eso es lo que van a recibir", expresó Gina Montes, directora de Soñar Despiertos Medellín.
Cartas al Niño Dios fue el evento que ayer realizaron los de Soñar Despiertos. La intención, añade Gina, es "devolverle a los niños la esperanza de soñar, que expresaran todos sus deseos en las cartas y cumplir esos anhelos".
Ya son varios años en que ponen a pequeños de estratos bajos a escribir sus deseos y sus peticiones al Niño Dios, y que con ayuda de donantes, hacen que las cartas sean una realidad.
"Nosotros también hacemos una sensibilización con los niños, para que pidan no sólo regalos, sino buenos deseos", indicó María Fernanda Jaramillo, de la junta directiva de Soñar Despiertos.
Ayer fue la hora de los regalos y de que los jóvenes voluntarios se divirtieran con ellos. De hecho, llegaron más que los niños que estaban presentes, por lo que trabajaron de a dos. "Es que somos tantos los jóvenes que queremos hacer cosas buenas. Eso es amor y valor. No les importa madrugar un día de vacaciones y pagar $25.000 que vale la camiseta", afirmó Gina.
Por supuesto que no les importa, como señaló Andrés Úsuga: "cuál pereza, con tal de ver que ellos sonrían".
Antes de que llegara Papá Noel, hicieron diferentes actividades, hubo refrigerio, almuerzo y juegos.
Después, eso sí, las caras sorprendidas de los pequeños que escribieron. "Yo le estoy pidiendo unos patines y un tapete de baile. También le dije que lo quería mucho y que gracias por todas las cosas que me da", contó Sara Michel.
Esteban Gómez, de 6 años, fue más flexible: "Yo le escribí que si no me podía traer los Transformers, entonces dos guardas con un balón".
Niños felices, porque el Niño Dios, sí que los leyó.