El nuevo López
El estadista actúa como el conductor designado que lleva a todos los borrachos sanos y salvos a casa.
La verdad, la borrachera que hay en la mayoría de los medios (que hacen parte de la unidad nacional como dijo el periodista Néstor Morales) y del país político, que no es el país real, con el gobierno de Santos necesitaba de una voz crítica que no fuera descalificada por uribista.
Y apareció el expresidente César Gaviria. Que se califica de santista, pero que ha prendido todas las alarmas frente a los logros del gobierno, las amenazas que se ven venir y la necesidad de una agenda reformista poco popular.
Comienza criticando el manejo de la salud, del que dice que después de un año de gobierno la situación no sólo ha empeorado, sino que se anuncian medidas que causan más daño al sistema.
Y de paso lanza un dardo a un estilo de gobierno que se excede en lo mediático mientras no resuelve los problemas a través de medidas concretas.
Gaviria se declara escéptico de los posibles logros en el sector agropecuario, o en infraestructura, dos locomotoras que no arrancan.
Y de la tercera, el sector minero-energético, dice que va bien, pero que ya generó la enfermedad holandesa.
De paso le jaló las orejas al Ministro de Hacienda por no tomar decisiones frente al problema de la revaluación que está destruyendo empleo industrial a borbotones.
No se anda con rodeos el expresidente Gaviria.
Las estadísticas de crecimiento de las exportaciones no tradicionales las desmenuza para demostrar como caen o se estancan.
La crisis en el empleo y el subempleo no las disfraza con temporalidades.
Las situaciones fiscal, impositiva y de competitividad, las desnuda con seriedad y profundidad, reemplazando así la función crítica de los medios, los columnistas y los editorialistas.
Pero no se queda en la crítica, que ante el unanimismo de la prensa y los opinadores bogotanos es un aire fresco necesario.
Propone reformas que son urgentes pero dolorosas. La tributaria, bajando tarifas y eliminando exenciones; la laboral, acabando con los impuestos al empleo; la pensional, aumentando edad y tiempo; y la industrial, acabando la discrecionalidad en aranceles y protegiendo sectores estratégicos de la economía como lo está haciendo Brasil con los textiles, el calzado y el cuero.
Gobernar con encuestas y al oído de los opinadores es fácil. Ese parece ser el estilo del actual gobierno.
Lo grave es que no se toman las decisiones complejas y que duelen a corto plazo, pero le dan viabilidad a un país y a sus futuras generaciones.
Por eso, una voz crítica autorizada y seria como la de César Gaviria es tan importante en una democracia mediática como la nuestra, donde se gobierna, se legisla y se juzga para la galería.
¿Corregirá el rumbo Juan Manuel Santos?
Difícil saberlo, dada la característica camaleónica de su vida política. Pero si escucha a su mentor, el nuevo López, quizás entienda el mensaje que dio en sus charlas de estos últimos días, que el capital político está para gastarlo.
Y así, finalmente, gobierne para los colombianos y no para salir en la portada de Semana o de El Tiempo.