Histórico

El nuevo rumbo de España

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20 de noviembre de 2011

Podría haber algo de exageración al decir que el miedo ha sido una vez más el dinamizador de los votantes en España, pues así como en las elecciones de 2004 el PSOE capitalizó el pavor al terrorismo, para acabar de hundir al PP de Aznar, el acicate principal de la jornada de ayer habría sido el espanto por la reedición de una historia reciente de disparates y descalabros.

Algo de razón hay en tal hipótesis. La mayoría de los electores de la Península se resiste a una prolongación del caótico estado de cosas y reclama un enderezamiento acelerado del rumbo político y sobre todo económico, para que baje el índice escandaloso del desempleo (22.7%), se recobre una economía maltrecha (que ya habría colapsado si no se soportara en el turismo), se restablezcan los criterios tradicionales de la unidad nacional (para evitar la separación de Cataluña y las Vascongadas) y se inaugure un gobierno fuerte, que deje atrás el régimen contradictorio, transaccional, flojo y errático de Rodríguez Zapatero.

En las elecciones anticipadas de ayer, la racionalidad primó sobre las motivaciones pasionales. Un país que ha caído al peor nivel de desempleo entre todas las naciones desarrolladas por causa de una combinación de factores desbordados como la burbuja inmobiliaria, el exceso del gasto público, el retiro de inversionistas extranjeros y la quiebra industrial, no podía cometer el desatino colectivo de firmar otro cheque en blanco a nadie que no ofreciera mínimas garantías de rectificación. Rajoy no es un taumaturgo ni parece el líder más convincente y apasionante, pero está visto que es un hombre serio, ponderado y capaz.

Cuando se aproximaba ayer domingo el cierre de las urnas, las noticias confirmaban el discurrir de las elecciones españolas en una atmósfera de respeto y serenidad. La sensatez ha sido predominante. Hasta los temperamentos más viscerales se moderan cuando se comprueba la eficacia de los procedimientos democráticos. España es una democracia madura, a pesar de la tendencia actual a la partitocracia. Los incidentes anómalos fueron mínimos, insignificantes. Y ni siquiera hubo esta vez la amenaza violenta, gracias al silenciamiento de Eta que ojalá no haya sido un perverso repliegue táctico pactado por debajo de la mesa para amortiguar el desplome del gobierno saliente.

Es obvio que a los colombianos nos preocupe el porvenir de España, para que no peligre la fraternidad cultural panhispánica, para que no sigan privilegiándose las relaciones con vecinos que nos son hostiles, por la aspiración de los jóvenes a encontrar condiciones de vida y subsistencia dignas, para que se acaba la desgracia del envilecimiento del trabajo profesional y el mileurismo. Y por el derecho al bienestar futuro de mis nietos Ignacio y Rocío del Pilar y todos sus coetáneos.