Histórico

El papel sicológico

04 de marzo de 2009

Los avances en las técnicas en cirugía plástica han permitido llevar a muchas personas a cumplir un sueño que hace algunos años era inalcanzable: poder mejorar algún aspecto de la fisonomía que por alguna razón determinada se desea cambiar.

Pero es importante meditar muy bien las razones por las que se quiere optar por un procedimiento que acarrea unos riesgos y unos sacrificios (tanto en lo físico como en lo financiero) y evaluar fríamente la conveniencia de hacerlo.

En psicología existen unos constructos teóricos que deben tenerse en cuenta al hablar de cirugía plástica: la autoimagen, el autoconcepto y la autoestima. La autoimagen se refiere a cómo me veo, si lo que está frente al espejo no me gusta, tengo el derecho a hacer lo que crea conveniente para mejorarlo. El autoconcepto es la percepción propia que en un sentido más amplio que el de la autoimagen, engloba también las habilidades, destrezas e incluso defectos que yo tengo como persona. Por su parte, la autoestima es el sentimiento (positivo o negativo) que tengo de mí mismo, mi sentimiento de valía frente al mundo.

La conjunción de estos tres "autos", permite hacer un análisis de las razones que pueden llevar a alguien al quirófano: una autoimagen desfavorable puede impulsar a cambiar la apariencia, un accidente que ha desfigurado el cuerpo, una enfermedad congénita, son razones para asistir a cirugía. Incluso existen ocupaciones en donde la imagen personal es el activo de trabajo y se hace necesario retocar algunos detalles que son susceptibles de mejorar.

La autoestima y el autoconcepto son los elementos que merecen más atención. Una sana autoestima, un autoconcepto favorable, son buenos indicadores para alguien que quiera hacerse la cirugía. Una adecuada salud mental es un factor que ayuda a enfrentar el proceso pre y posquirúrgico y en últimas a hacer más rápido el proceso de curación. Por eso en la valoración que hace el cirujano, el apoyo de profesionales de la conducta es muy importante para ayudar a tomar la mejor decisión, siempre a favor del paciente. Los cambios que acarrea la cirugía, pueden llegar a ser tan profundos que pueden afectar de modo sustancial la vida de la persona y a quienes lo rodean.

Por eso, hay candidatas y candidatos a cirugía que cuentan con recursos personales internos adecuados, pero que están inconformes con algún defecto que quieren corregir; pero hay otros que pueden estar pasando por alguna crisis personal (como la crisis de los 40, divorcios, etc.), los que tienen expectativas fantasiosas (querer parecerse a algún ídolo), o los "eternos insatisfechos", los que nunca estarán conformes con lo que tienen y con lo que son.

En últimas, la cirugía es una opción apropiada para muchas personas que son sanas emocionalmente, pero que son susceptibles de corregir alguna cosilla. Pero si usted es de los que cree que la cirugía por sí sola le va a arreglar la vida, mejor piénselo dos veces y revise muy bien en su interior qué es lo que realmente quiere.