EL PERIODISMO COMO MEMORIA
Los escritores de ficción no son más importantes, per se, que los de no ficción, solo porque imaginen sus argumentos en lugar de apegarse literalmente a los hechos y personajes de la vida real.
Raymond Carver, exponente del "realismo sucio", decía que lo que define a un escritor grande es "esa forma especial de contemplar las cosas y el saber dar una expresión artística a sus contemplaciones".
En un narrador de la talla de Juan Rulfo se aprecian esos dones, pero lo mismo se puede decir de ciertos escritores notables de no ficción, como Joseph Mitchell, Tracy Kidder, Susan Orlean y Gay Talese.
Muchos siguen creyendo que literatura es, estrictamente, ficción: no se han enterado todavía de que existe la literatura de no ficción, y que esta también puede ser de gran factura estética.
Además, un buen reportaje –por ejemplo, "Una temporada de machetes", de Jean Hatzfeld – nos ayuda a comprender la naturaleza humana y nos hace sentir como propios ciertos sucesos que la distancia geográfica nos hacía sentir ajenos.
Es más frecuente hablar de los aportes de la literatura al periodismo que de los aportes del periodismo a la literatura. Cuando se trata del primer caso, que es lo predominante, se mencionan las técnicas narrativas, el empleo del punto de vista, la construcción de imágenes, el uso de las escenas y la creación de las atmósferas.
Todos esos recursos, ciertamente, proceden de la literatura y contribuyen a embellecer el periodismo en lo formal y a dotarlo de un poder mayor de penetración. Pero se habla muchísimo menos de los aportes del periodismo a la literatura. Varios escritores se han referido a su deuda con el periodismo.
Pienso en Gabriel García Márquez, en Albert Camus, en John Dos Passos, en Truman Capote y, por supuesto, en Ernest Hemingway, aunque este último dijo alguna vez que el periodismo es bueno para un escritor siempre y cuando lo abandone a tiempo.
El periodismo adiestra al escritor en el descubrimiento de los temas esenciales para el hombre. En esta profesión se tiene acceso a un laboratorio excepcional en el que siempre se está en contacto con lo más revelador de la condición humana. Uno aquí ve desde reyes hasta mendigos, truhanes, bárbaros, seres maravillosos, de todo, y eso es útil para construir universos literarios creíbles y ambiciosos.
En los últimos años se han incrementado las novelas basadas en hechos y en personajes de la realidad. Acaso el periodismo es un taller que le sirve al escritor para humanizar su escritura. Para añadir una ventana allí donde antes solo había un espejo.
Los periodistas narrativos creemos que para escribir sobre un pueblo remoto no es necesario esperar a que ese pueblo sea asaltado por algún grupo violento o embestido por una catástrofe natural. El académico Norman Sims dice que los periodistas narrativos no andan mendigando las sobras del poder para ejercer su oficio.
Y como si fuera poco, el periodismo narrativo que hoy leemos como información dentro de unos años será leído como memoria.