Histórico

EL POSTCONFLICTO

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02 de mayo de 2013

Avanzan las negociaciones en La Habana a un ritmo que la opinión pública desconoce, pero que por los indicios sabidos, las perspectivas de éxito son hoy superiores a las alcanzadas en cualquier experiencia previa con las Farc. Ello nos hace pensar en la importancia de visualizar y generar una pedagogía para el postconflicto.

Medio siglo de confrontación bélica y un sinnúmero de intentos fallidos nos llevan al escepticismo y a creer que solo una victoria militar puede conducirnos a la paz. Escenario tan opaco puede resultar muy riesgoso, si llegamos a la firma de acuerdos y no estamos preparados para los pasos subsiguientes.

Estamos retardados en trabajar la hipótesis de la paz negociada, dilucidar sobre sus implicaciones en las diferentes esferas del Estado, las responsabilidades plurales, los costos y las afectaciones de procesos en curso en las instituciones que gestionan los poderes públicos.

La firma del comienzo de las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, el 26 de agosto del año pasado, nos mostró la intención de las partes de crear espacios para la palabra y discutir la posibilidad de encontrar intereses coincidentes, a la vez que dirimir las controversias en forma racional y no violenta.

Ahora se encuentran precisando los intereses en disputa y discutiendo las estrategias de solución. Ojalá lo hagan teniendo claro que los intereses de la Nación están por encima de los de grupo y con tolerancia y sabiduría lleguen al consenso.

Ello, aunque difícil, no es ni suficiente ni lo menos complicado, pues la implementación de los acuerdos resulta más compleja que la negociación en sí. Al respecto, el arzobispo y premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, en carta a los colombianos el año pasado, afirmó que en muchos aspectos hacer la paz es más difícil que hacer la guerra.

Si como sostiene el profesor Francisco Leal "la guerra es el fracaso de la política", es de esperar que en La Habana se determinen las estrategias para hacer del fusil un obstáculo para la palabra, lo que abrirá a futuro espacios más amplios para el ejercicio de la política dentro de las normas que permiten nuestro régimen constitucional.

Pero también resulta evidente que la paz no se construye en La Habana, sino en Colombia y entre nosotros. La paz es más que negociación.

La paz facilitará el ambiente de seguridad que propicie el desarrollo sustentable, el bienestar social y la mejor calidad de vida y dignidad humana que todos ambicionamos. Por ello, la paz es un anhelo de la mayoría y una obligación inaplazable que requiere preparación, tiempo y compromiso.

Es muy importante estructurar una pedagogía para entender socialmente que el "nosotros" es más importante que el "yo". Que nadie puede justificar la conveniencia de las injusticias; que el dolor individual es siempre más pequeño que el dolor de un pueblo (María Ofelia Navarrete ) y que los derechos de las familias de las víctimas no pueden ser olvidados, así como tampoco podemos menospreciar el derecho de nuestros hijos y de las generaciones futuras a la paz.

Se necesitan altas cuotas de buen juicio y generosidad y es mucho lo que debemos aprender. El beneficio es la oportunidad de crear un proyecto de Nación, del cual carecemos, y trabajar de consuno para lograrlo.