Histórico

El rincón que les hizo un pueblo a los samanes

PARA CONCIENTIZAR A los habitantes de Hispania de la necesidad de cuidar el patrimonio natural que tienen en su parque, los sacerdotes y un grupo de líderes los apadrinaron y "bautizaron" con nombres escogidos en las urnas.

Loading...
07 de octubre de 2010

Tras recorrer la vía ribereña del San Juan, en la que ni en invierno se apaga el sofoco, al visitante lo esperan la sombra de sus follajes, una brisa fresca y tres grados menos de temperatura que invitan a quedarse.

El más pequeño y joven municipio del Suroeste, Hispania, ofrece este regalo en su Parque de los Samanes, cuyos seis ejemplares frondosos son un remanso para quienes están de paso o tienen a este poblado como destino final.

Estar plantados aún en tierra y grama, es decir, sin el tapete de cemento que hoy tienen todos los parques de la subregión, les agrega un toque campestre, como si fuera una pequeña finca en el corazón del pueblo.

Convencido de que son un regalo de la naturaleza y que pocos tienen el privilegio de contemplarlos en una plaza pública, al vicario parroquial, Juan Orlando Sánchez Ríos, se le ocurrió convocar a los feligreses para que les rindieran un homenaje y, de paso, bendecirlos.

En las eucaristías también les propuso "bautizarlos", o ponerle nombre a cada uno, para lo cual abrió una urna en la que depositaran "papelitos" con los nombres que quisieran darles.

Corrían los primeros meses de 2008 cuando la comunidad escogió los nombres, el primero de los cuales: La Fe, motivó al padre Sánchez a hacer lecturas de textos bíblicos que los explicaran y a bendecir a esos gigantes que dan sombra.

Para dar un contexto representativo al acto, escogieron el Día del Árbol, en abril, cuando ya la gente se había concientizado del valor de sus samanes y de la necesidad de su cuidado.

Entonces los vistieron de fiesta, de sus ramas les colgaron bombas de colores y serpentinas y les pusieron música. Continuó la acción de gracias al Creador, y en sus troncos se fijaron piezas de cartón con los nombres escogidos para estos hijos mayores: Fe, Amistad, Prosperidad, Ensueño, Paraíso y Amor.

Meses después, don Pedro Gómez cambió los de papel y los fijó en placas de metal que resisten sol y lluvia, y llaman la atención del visitante.

La conciencia que buscaba el padre Sánchez se multiplicó en mayor afecto por los árboles, que cada año, en los abriles, tienen un motivo de fiesta para refrendar ese compromiso de hermandad.