Histórico

El sapito le cuenta el año

DICIEMBRE ES época de calendarios. El Astor propone el suyo poniendo a su famoso morito en distintos cuentos. Uno para cada mes.

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09 de diciembre de 2010

En marzo el sapito se quedó afuera, en la lluvia, mojándose. Mira hacia adentro, con su boca abierta y lengua rosada, con esperanza de entrar. "Por sapo", pensó Jorge Guzmán.

El sapito también es un superhéroe con identidad secreta en octubre, en septiembre un príncipe encantado al que va a besar una princesa y en abril está en una carrera de sapos. El moro del Astor, ese que ha crecido con muchos, es en cada mes del calendario una idea de arte diferente.

"Desde hace diez años hacemos un calendario. Esta vez, por los 90 años, quisimos hacer uno diferente y centrarnos en el producto que más nos representa", explica Mario Salcedo, director de mercadeo y ventas.

Por eso invitaron a varios diseñadores, artistas y fotógrafos de la ciudad para que jugaran con el morito verde y lo pusieran en una historia.

Fueron, inicialmente, unas 27 propuestas, de las que se eligieron 12, hechas por Andrés Sierra, Jorge Guzmán, Juan José Cordero, Víctor Montoya, Alejandro Arriaga, Alfonso Posada, Steven Henao, Marcela Cárdenas, Pilar Esteban, Ana Fernández, María Victoria Piedrahíta, Juan Guillermo Ordóñez, Juliana Restrepo y John Cortez.

En total fueron 14 artistas, porque la ilustración del mes de mayo que llamaron El dulce sueño del niño , la hicieron tres personas.

Los artistas interpretaron su visión del sapo y lo hicieron con "una estética ligera y fácil de digerir", dice el fotógrafo Sierra, quien puso a volar al sapo y lo metió entre matorrales para darle vida.

"Yo hablé con él y me dijo, dame otra dimensión -se ríe Andrés-. La intención era hacerlo real".

El de verde se convirtió en una ilustración sobre papel, un sapo a punto de ser atrapado en un vaso y hasta una desfragmentación digital.

"La idea era coger un ícono tan importante y vincularlo con la gente", señala Steven. Él lo puso a "sapiar".

Un trabajo en el que se divirtieron y en donde la intención es que el sapito saque una sonrisa cuando alguien abra el calendario. También tuvieron sus problemas: "Coger un sapo volando es muy complicado", bromea Andrés.