Histórico

El sobre de bodas

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01 de enero de 1900

El sobre de bodasPor
Luis Alirio Calle M.

La idea es que uno no se complique la vida pensando "yo qué les regalo a estos que se van a casar", sino que resuelva el asunto con un simple sobre de carta, en el cual introduce un billete, o algunos billetes, como regalo de bodas. Se llama "lluvia de sobres", y no es exclusivo de los matrimonios; también se usa en fiestas de grados, primeras comuniones, los quince y otros cumpleaños, etc.

En virtud de los mercados, la vida se nos vuelve cada día más trivial?

La "lluvia de sobres" viene ahora a reemplazar el regalo, que por pequeño que sea, tiene más contenido humano y más afecto que uno o varios billetes. El regalo es cálido, el billete es frío. Al regalo lo impulsa el placer de dar, al billete el interés. El regalo es cercano, el billete distante. El regalo se da con cariño, el billete con pesar. El regalo tiene sabor, tiene aura; el billete es prosaico, manoseado y huele mal.

Vamos hacia la metalización absoluta de la vida, aunque, bien mirado, tal vez estemos en ella hace ya muchas noches. Cada día ganamos precio, pero perdemos valor. Ahora el regalo se mide, con mayor evidencia, por los ceros de los billetes y la cantidad de los mismos. Pero más que regalo, el sobre resulta siendo el boleto de entrada a la fiesta, al círculo, y define el nivel de aceptación en ella y en él. Ahora el sobre de bodas, pero sobre todo el tamaño de su contenido, es el peaje para la inclusión en sociedad, y representa la certificación de tu amistad.

Este nuevo invento de las relaciones sociales, llamado "lluvia de sobres", llega ahora como facilitador de comodidad, una buena y rápida solución al encarte del regalo, un cambio de lenguaje para quienes, queriendo aparentar aprecio y cariño, casi siempre regalan las cosas que menos expresan tales sentimientos. El sobre, en cambio, tiene doble fondo, con él puedes expresar el aprecio mientras escondes el desprecio, con él es posible disfrazar de amor lo que de veras es odio o envidia, con el sobre expresas la felicitación mientras que en su otro fondo va la burla.

Parece tontería dedicar estas líneas a algo que no va más allá de mero formalismo de relaciones sociales. No va más allá, pero sólo aparentemente. El regalo de felicitación por la boda, por la primera comunión, por el grado, por los quince, trasciende el formalismo, la costumbre lo ha hecho hondamente humano, especialmente entre la gente que separa su fiesta de sus intereses. La "lluvia de sobres", en cambio, sí condena el regalo a mero formalismo, a código social, a cumplido. El regalo, más que la cosa en sí, es tu manera de hacerte presente; el sobre con el billete sólo te convierte en uno más, anónimo si va sin tu nombre, estratificado si decides ponerlo.

No es un mero formalismo. Bien mirado, la "lluvia de sobres" termina expresando, no lo que somos, sino lo que nos obligan a aparentar. Y quizás ese formalismo trascienda el espacio privado en el que sucede para significar también claves de lo público, aquí y ahora. Tal vez en esa "lluvia de sobres" se esconda la señal o el código de lo que es hoy nuestra ausencia de verdad, nuestro precario nivel de conciencia, nuestra política escrita sólo en intereses y no en servicio, nuestra mirada del otro no por lo que vale sino por lo que cuesta. Y en ese caso, el otro nunca es ganancia; al contrario, siempre será pérdida.

Además de la "cultura del empaque", somos la "cultura del sobre", que sabe a soborno, pues el sobre no festeja, el sobre compra. El sobre no regala, el sobre paga. El sobre no abraza, sólo cumple.