Histórico

El soñador del Encenillo

04 de marzo de 2009

Los tíos están hechos para la complicidad, la alcahuetería. Dan una mano, muchas manos. Señalan rumbos. Suben el ego, minimizan complejos. Aprietan, no ahorcan. Regalan el pescado, enseñan a pescar.

Enrutan a la sobrinamenta en lecturas. Financian las primeras escaramuzas eróticas. Ayudan a perder la virginidad etílica. Tiran la primera línea religiosa, política y literaria.

Este aperitivo para hablar del "soñador del Encenillo", vereda-finca de Montebello. Me refiero a mi tío Julio Giraldo Jiménez, quien mañana cumple sus primeros 90 años. En Julio rindo tardío tributo a mis espléndidas tías y tíos Domínguez Giraldo cuyos nombres pondría orgulloso en la hoja de vida.

Estos Giraldo Jiménez duran más que una semana sin internet. Mi abuela Rosa vivió 101 abriles en tres siglos. En compañía de Marina, "milagro de Dios", su esposa, Julio aspira superar esos 101.

Así como se habla de Efraín y María, Abelardo y Eloisa, en la familia se habla de Julio y Marina. Se enferma uno, y la crónica doméstica informa que se enfermaron ambos. Si se alivian, lo mismo.

O si ennietecen. Daniela, nieta universitaria, elogió la forma "como tratas a los demás, a ti mismo? He aprendido contigo a encontrar en cada amanecer la oportunidad de ser mejor; en la lectura y en la escritura, un placer de vida".

En la celebración de quien eligió vivir, dejar vivir, enseñar a vivir, hubo misa de huevo entero oficiada por el padre Uriel, su cuñado, "pararrayos de nuestro diario vivir". Con Tulio Cuartas, estuvieron todos sus amigos.

Su hijo Darío, heredero de la vena paterna, sintetizó el sentimiento de los suyos: "Has sido el norte en todos los momentos de la vida: en las penurias y en las alegrías, en las realidades y en los sinsabores, en los tiempos de vendimia y de naranjos en flor, y en la aridez de la escasa cosecha".

Mitad montebellense, mitad abejorraleño, Julio, monseñor sin báculo y liberal oficialista de siempre, escribió primero que yo en El Colombiano. Fue su corresponsal en Abejorral donde encontró la mujer de sus aurículas. La pescó entre las hijas de don Miguel Velásquez y doña Julia, de los principales del pueblo.

El 30 de mayo de 1946, como jefe de redacción, firmaba el primer editorial (Una meta: servir) de "Mesenia", combativo y bien escrito cadapuedario, editado para defender los intereses abejorraleños. Ese verbo servir ha sido su norte, sur, oriente y occidente.

En las palabras que pronunció en la misa, este poeta clandestino de prosa exquisita evocó "el madurar de los cafetos, el reventar de los racimos, el crecer de la caña, el repunte de las aguas sin acariciar las vertientes, el chócolo y el frisol verde en el mes de junio para alimentar la peonada". Le dio gracias a la vida por haberle dado tanto "y a Dios, por haberme dado todo". Felicitaciones mil.