EL TIBURÓN "DESDENTADO": AUGE Y CAÍDA DE UN BROKER
Phil Falcone puede probar que vio venir la crisis. Criado como el menor de nueve hermanos, curtido por los duros inviernos de un pueblucho minero de Minnesota y por los golpes de "stick" recibidos como jugador profesional de hockey, ocupación a la que se dedicó al terminar sus estudios de Economía en Harvard, Falcone construyó un temido y arriesgado fondo de inversión apostando en 2006 a que las hipotecas "subprime" se estrellarían.
Un año después, Harbinger Capital, su creación, acumulaba 26.000 millones de dólares. En 2007, Falcone se metió en el bolsillo 1.700 millones con sus apuestas bajistas. En 2008, mientras otros inversores y billonarios neoyorquinos se apretaban el cinturón aún más, él y su mujer -la excéntrica exmodelo Lisa Marie Velázquez , criada en el Harlem hispano- se compraban por 49 millones una mansión de 27 habitaciones en la Quinta Avenida que había pertenecido al fundador de la revista "Penthouse".
No contentos con la adquisición, en plenas vacas flacas, los Falcone se gastaron 10 millones más en renovar la propiedad, agrandando la piscina cubierta, añadiendo un gimnasio, sauna, una sala de cine y dos vestidores inmensos para atesorar las interminables compras de Lisa Marie.
Con el "crash" de 2008 y principios de 2009, Harbinger Capital comenzó a invertir a la baja enormes cantidades de su fondo contra los bancos españoles. Y no precisamente contra cualquiera. Apostó, entre otros, contra el Santander y el BBVA, dos colosos. El asedio a la banca española, una situación que aún perdura con otros actores, se inició en octubre de 2009 y se mantuvo año y medio, hasta que Falcone decidió ir retirando sus posiciones para embarcarse en otros proyectos más "creativos". Durante esos meses de infarto, Harbinger y otros "hedge funds" estadounidenses manejaron como a peleles a los grandes bancos, tumbando sus cotizaciones en un escenario ideal para las prácticas de estas "hienas" de las finanzas. Dicho sea con todo el respeto a un oficio tan digno como los demás.
Falcone dedicó sus esfuerzos a construir un coloso de las telecomunicaciones que revolucionaría los colapsados accesos a internet en un mundo de dispositivos móviles. Una vez más, vio venir el futuro. Y se la jugó. Comenzó a colocar su dinero y el de sus socios en LightSquared, adquirida en 2007 como Sky Terra, para levantar una red wifi por satélite. Verizon y AT&T también competían en el megaproyecto, pero Falcone contaba con un as en la manga: sus excelentes relaciones con Obama.
Sin embargo, la apuesta de su vida le ha salido mal. La Comisión Federal de Comunicaciones ha tumbado el proyecto después de comprobar que la señal de LightSquared interfiere en el intocable GPS. Con los aliados de Falcone en retirada, por el camino se pueden quedar 3.000 millones invertidos de su bolsillo. Para pelear por su sueño, en contra de sus socios, que le exigen que declare la bancarrota, Falcone está vendiendo acciones y empresas de su propiedad, la última, una minera brasileña.
Por si fuera poco, además afronta ahora el acoso judicial de la Comisión de Cambio y Valores, que le imputa la sustracción de 113 millones de su fondo para pagar sus impuestos de 2008, acusaciones sobre el trato preferente otorgado al banco de inversión Goldman Sachs, inversor de su propio fondo, y la posible manipulación de los mercados.
Pero que nadie le dé por acabado. Falcone lleva una vida entera husmeando en los despojos. Comenzó trabajando en 1985 en Wall Street como gestor de "bonos basura" y en 1991, con 27 años ya superó su primera bancarrota. El banco congeló sus cuentas. Nunca les perdonó.
Hoy es el mejor ejemplo que conozco de un "tiburón" desdentado. Del burlador, burlado. Que sirva como escarmiento a otros, mientras dure su mala racha.