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El tiempo no se compra, pero vale mucho

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15 de abril de 2012

Dicen que es oro, que es dinero, y muchas otras cosas, sobre lo que es y significa el factor tiempo. Sin embargo, y a sabiendas de ello, en el mercadeo hay que considerarlo como algo de suma importancia, porque aunque no se puede comprar, vale demasiado, sobre todo en un mundo como el actual, en el cual "el que menos corre, vuela" y las cosas se están dando "en tiempo real".

Uno de los males actuales parece ser que la gente no tiene el mismo tiempo que antes, porque es mucho más lo que hay que hacer, como revisar y responder correos electrónicos y mensajes que dejan en las contestadoras, comités inoficiosos que se han inventado, vivir "pegados" del blackberry, y aguantar el caos vehicular que hace que todo se retrase, por ejemplo.

Así y todo, cada día, paradójicamente, se valoran más los minutos que se ahorran pues a nadie le gusta que se haga perder tiempo, porque éste no se recupera. Entonces, la lección es clara: no se debe hacer perder tiempo a los clientes, ni a nadie, con formularios extensos y que no sirven porque nunca se utilizan adecuadamente, preguntas sin sentido, repeticiones, esperas en filas y salas las cuales son innecesarias desde todo punto de vista, y un exceso de trámites que ni se justifican y menos entienden, por ejemplo. Esas son prácticas que se consideran inadecuadas y malas para mercadeo, porque en lugar de servir para formar y mantener los mercados, lo que hacen es lo contrario, deformar y alejar clientes, prospectos, proveedores y más.

Una de las quejas más notorias en nuestro medio es el incumplimiento que, prácticamente, se da en todos los campos; promesas que no pasan de ser palabras, compromisos que no se cumplen, y más, que implican deberes y derechos de todos para con todos.

El nuevo estatuto del consumidor, que entró en vigencia hace pocos días, es para que sea considerado y analizado, pues el tiempo que se pierda será responsabilidad de alguien.