El voto de oro
Las elecciones para elegir a los representantes políticos de una sociedad son la máxima expresión de la opinión pública. El alto número de personas que participan en la jornada democrática, y la importancia de los temas que allí se deciden, hacen que este evento sea el más representativo e importante en una democracia. Hay dos tipos de voto que se puede ejercer en este día: El primero es el voto de opinión, el segundo el voto de maquinarias. El voto de opinión es el voto de oro, el que se ejerce a conciencia, con plena libertad y fundamentado en el conocimiento del candidato y sus propuestas; el voto motivado por la esperanza, no por el miedo, por la convicción de votar por quien de verdad queremos y no por la resignación.
Contrario al voto de opinión, está el voto de maquinaria. Este último está motivado por el dinero, la presión, el interés de recibir algo a cambio o el miedo. El ejercicio democrático debe estar fundamentado en la esperanza, el conocimiento y la confianza. Cuando el voto es movido por el miedo y la incertidumbre, el resultado de la elección resulta opaco y desabrido, no alegre y participativo, como debe ser. Ejemplos como el del segundo mandato de George W. Bush o de Ollanta Humala, en Perú, son ejemplos de esto.
El voto de opinión fortalece la democracia debido a que los resultados que emanan de éste provienen de un ejercicio libre y voluntario, no impuesto o forzado. Cuando el voto se ejerce debido a presiones, manipulación o coacción, éste pierde su legitimidad y aunque puede llegar a ser definitivo en una elección, el poder que eventualmente ostentaría quien fuese elegido por este tipo de voto tendría un manto de duda y de ilegitimidad que empañaría su labor desde el primer segundo de su mandato hasta el último.
El votante de opinión, contrario al votante de maquinaria, tiene la autoridad moral de exigir resultados y pedir cuenta al gobernante al que le entregó su respaldo. La participación activa y el control político de la ciudadanía en la rendición de cuentas, son cruciales durante el ejercicio de gobierno. Casos como el del destituido alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, son prueba de la importancia del control ciudadano y de la presión que éste puede ejercer sobre los medios de comunicación y los poderes políticos.
Dalton y Klingeman, profesores de la prestigiosa Universidad de Oxford, dicen en el Manual de Comportamiento Electoral (2007) que los votantes de opinión tienen más posibilidad de ser escuchados por parte del gobierno, a pesar de que sus ideas no sean aceptadas. Mientras el candidato elegido por el voto de opinión debe rendir cuentas a sus electores, por el conocimiento de éstos de su programa político, el candidato elegido por maquinaria se puede hacer el de la vista gorda y gobernar con poco control político ciudadano, debido al desconocimiento de sus ideas y proyectos de quienes lo eligieron.
Dice un adagio popular que las sociedades eligen a los mandatarios que se merecen.
Muchas veces por miedo, apatía o desinformación, las personas escogen a los gobernantes equivocados, por esta razón debemos votar con valentía, libertad y plena convicción de apoyar a quien mejor represente los intereses de la sociedad. El voto debe generar satisfacción y sentimiento de haber cumplido con el deber; este voto debe ser de quilates, valioso, y ejercido con toda la convicción de haber escogido al mejor hombre o mujer que merece la sociedad.
¿Y usted, cómo va a votar?
Post Scriptum: La complejidad del tarjetón electoral debe generar una reflexión profunda sobre la conveniencia de un tarjetón electrónico y con imágenes para las próximas elecciones. Puede ser útil para promover y facilitar la participación de la gente.