En abril, preparación a mil
Que las lluvias que trae abril, cuando según los pronósticos arreciará el invierno, nos cojan preparados. Muchas vidas humanas podrán salvarse y podrán hacerse menos graves las pérdidas, si ponemos en marcha programas de prevención de emergencias, sin esperar a tener el agua al cuello.
Los alcaldes y gobernadores tienen la obligación legal de constituir o activar los comités de emergencia, con prácticas orientadas a disminuir riesgos y prevenir desastres. No siempre hay conciencia entre la población de que su propia preparación y su respeto a la naturaleza es el mejor salvavidas. Por ejemplo, el cuidado y limpieza de las quebradas, la prevención de la erosión y el acatamiento a normas legales para la no invasión de sus cauces.
Quienes habitan en zonas de alto riesgo, y en el caso de Medellín nos referimos a más de 30 mil familias, deben estar alertas ante cualquier posible eventualidad de la naturaleza y recibir el apoyo de organismos como el Sistema Municipal de Prevención y Atención de Desastres (Simpad), para elaborar planes de contingencia.
Acción que debe estar complementada con la inspección de los sitios más vulnerables que identifica el mapa de riesgos, incluyendo aquellas quebradas que tradicionalmente representan la mayor amenaza, en todas las zonas de Medellín. Aunque hay identificados un centenar de puntos críticos, son cinco las quebradas que ofrecen mayor riesgo, por sus habituales desbordamientos: La Iguaná, Altavista, Cañada Negra, La Bermejala y La Hueso. Se requiere incluso someter a una profunda revisión las quebradas cubiertas que atraviesan el centro de la ciudad, entre ellas, las más famosas, Santa Elena y La Loca, y otras tantas en el sector de El Poblado.
Y en cuanto hace a poblaciones vecinas del Valle de Aburrá, donde hay contabilizados 357 afluentes del río Medellín, sabemos por experiencias recientes muy dramáticas, que municipios como Caldas, La Estrella, Itagüí, Bello, Copacabana y Girardota, están más expuestos a inundaciones por acción de las quebradas, cuyos cauces naturales han sido perturbados por acciones humanas. Es hora de tomar conciencia del daño causado y tratar de revertir sus efectos, con el apoyo de las administraciones locales que tienen que actuar con prontitud para evitar nuevos desastres.
Más que socorristas, auxilios nacionales o cuentas bancarias para atender posteriormente a los damnificados, lo que se necesita es actuar desde ya para prevenir nuevos desbordamientos y avalanchas, que cuando ocurren siempre llevan a los pobladores, tristemente, a hablar de "tragedias anunciadas".
En el caso de Antioquia es particularmente amarga la experiencia vivida cada nuevo invierno en su infraestructura vial. Lo invertido por las administraciones departamentales en mantenimiento de las vías es un esfuerzo importante de cara a impedir el aislamiento de las regiones y del mismo departamento. Sin embargo, no tenemos carreteras que resistan los inviernos. Por ello no se puede bajar la guardia en cuanto al trabajo de las cuadrillas y de la maquinaria, para no retroceder en lo que se ha ganado en cuanto al estado de las carreteras, que aún no es el ideal y exige la construcción de nuevas obras menos vulnerables a los fenómenos climáticos.
Consciente de que hay que tomar acciones urgentes para prevenir desastres, el Gobierno nacional declaró la urgencia manifiesta que permite hacer una contratación directa hasta por 120 mil millones de pesos para enfrentar la primera ola invernal de 2009, que según el Ideam será una de las más fuertes de los últimos años.
El año pasado un invierno atípico, pero no muy diferente al que se anuncia ahora, dejó en el país más de un millón de damnificados en 27 de los 32 departamentos, con un saldo de 159 muertos y pérdidas imposibles de cuantificar. Por todo ello, a la orilla de los grandes ríos como el Magdalena, el Cauca y el Atrato, donde la riqueza y la tragedia vienen por el mismo cauce, es fundamental estar alerta, antes de que aumente el nivel de las aguas en forma significativa. Las experiencias del pasado nos enseñan que con las primeras gotas de lluvia, en Colombia hay que empezar a correr.