Histórico

En barrios pobres prefieren trabajo social a protestas

Los opositores de los barrios pobres de Venezuela no salen a marchar. En la ciudad de Petare dicen que la solución está en el trabajo y la tolerancia.

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19 de marzo de 2014

Los activistas opositores en los barrios pobres del este de Caracas tienen un plan para poner fin al gobierno de Nicolás Maduro sin quemar neumáticos ni bloquear calles: construir parques, reparar caminos y convencer a sus vecinos de que el socialismo es un callejón sin salida.

Los vecindarios más humildes de la capital venezolana casi no vieron las barricadas humeantes y violentos enfrentamientos que envolvieron, durante más de un mes, varias las zonas de clase media de la nación sudamericana en la peor ola de disturbios de la última década en la nación OPEP.

En la vasta barriada de Petare, un laberinto de laderas de casas de bloques de ladrillo rojo y ranchos humildes que alguna vez fue un bastión del fallecido líder socialista Hugo Chávez, los líderes locales de la oposición dicen que los "tira piedras" están equivocados.

"No queremos guarimbas (barricadas), ni estar trancando calles. Esa no es la forma de salir del presidente", dijo Junior Pantoja, un concejal municipal del partido de oposición Primero Justicia en Petare.

"Aquí hemos convencido a chavistas como no tienes idea. ¿Cómo? Con trabajo. Eso funciona mejor que marchar", dijo.

En Petare y otras barriadas que salpican las laderas de Caracas, muchos ven los disturbios como una reedición de las protestas callejeras de hace 12 años, un intento fallido de mellar la popularidad del carismático Chávez, quien murió de cáncer el año pasado.

Petare, compuesto por cientos de barriadas que van desde grupos de endebles estructuras de zinc hasta humildes casas un poco más ornamentadas, ha sido un ejemplo de cómo la oposición puede usar las políticas públicas para desafiar al Gobierno, incluso en las áreas menos privilegiadas.

Un alcalde opositor ganó el municipio en las elecciones del 2008 aprovechando el descontento y consolidó su apoyo prestando atención a problemas de comunidades pobres.

Eso representó un cambio de enfoque en la oposición tras años de intentar sacar a Chávez del poder a través un fallido golpe de Estado, un paro de dos meses de la industria petrolera y ataques contra el mandatario y sus simpatizantes.

Muchos venezolanos dicen que apoyan las manifestaciones pacíficas contra la elevada inflación y la escasez de productos básicos. Pero otros tantos aseguran que las protestas alteraron sus vidas y no logran debilitar a Maduro. Además, el bloqueo de calles y carreteras agravó la escasez de alimentos.

"Para mi la oposición está restando gente para su proyecto. Esa trancadera de calles está perjudicando a su gente", dijo José Guevara, un técnico de electrodomésticos de 44 años que vive en Caucagüita, un vecindario en la colina de Petare.

Guevara dijo que a pesar de ser un partidario de Maduro apoya al alcalde opositor Carlos Ocariz, porque ha trabajado por mejorar la iluminación, la recolección de basura y las calles.

Aunque en las áreas de clase media las protestas desataron una virulenta animosidad partidista, barrios como Petare suelen ser modelos de convivencia en donde los vecinos tratan sus diferencias políticas como si fueran rivalidades deportiva.

Los residentes llegaron a un colorido acuerdo para pintar la empinada escalera que conduce a la casa de Pantoja alternando un escalón rojo y otro amarillo, los colores del gobernante Partido Socialista Unido y del opositor Primero Justicia.

"Yo no entiendo tanto enfrentamiento, confrontación. Yo no veo necesario eso", dijo Pantoja. "¿Tu crees que son mis enemigos por pensar diferente?", preguntó.