Histórico

En el Norte votaron hasta en la cárcel

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30 de octubre de 2011

Solo uno entre 7.106 reclusos pudo sufragar en el puesto de votación de la cárcel Bellavista. '¿Y es que los presos pueden votar?', se preguntó Paula Quintero cuando se enteró con desazón que debía ser jurado en la prisión.

Solo los sindicados podían hacerlo. 250 inscribieron sus cédulas hace tres meses. En ese lapso, algunos fueron condenados y otros trasladados. Así que a las 9:40 de la mañana, el patio 8 se quedó sin un hombre que salió a recordar por un minuto lo que hacen los libres y votó en compañía de los guardianes y de los vecinos de las rejas.

Las dos mesas de votación más raras del norte estaban allá. A diferencia de Girardota, no hubo pregoneros comprados. Los policías no tuvieron que elaborar actas de incautación de propaganda electoral como en Copacabana donde 6 personas se ganaron un comparendo cuando trataron de dejar la huella del candidato que les pagó en el cubículo de cartón.

Bello fue cuento aparte, el voto en blanco se impuso derrotando a las maquinarias. La gente llegó sin aspavientos, le jugó a la democracia e impuso su criterio.