En Medellín se duerme... pero a todo volumen
PESE A LOS CONTROLES , habitantes de varios sectores se siguen quejando por los altos niveles de ruido provenientes de los establecimientos públicos. Comerciantes proponen el diálogo para encontrar soluciones.
Cae la noche y en Medellín empieza a aumentar el volumen. 60 decibeles, luego 70 hasta llegar a 80. Los sonidos comienzan a volverse ruidos en diferentes puntos de la ciudad, que en lugar de dormir parecería estar más despierta y activa que nunca.
Sin duda, Medellín es ruidosa. Lo demuestran las mediciones, pero más que eso, las voces de quienes se quejan del bullicio de la noche, sobre todo, el proveniente de los establecimientos abiertos al público, de los cuales son sus vecinos.
A esa hora, cuando el nivel máximo de ruido permitido en zonas residenciales debería llegar máximo a los 55 decibeles, alcanza los 70, e incluso, supera los 75. Una situación que para algunos estudiosos en la materia como Alejandro González, subdirector Ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, parecería no tener una solución inmediata.
Y es que pese al control ejercido por las autoridades, asegura, la actualización de los mapas de ruido realizados por la autoridad ambiental, encargada también de efectuar las mediciones, siguen arrojando, prácticamente, los mismos resultados a través de los años.
"Después del último estudio (hace cuatro años) la situación parece igual y en cinco años será lo mismo porque los establecimientos van a seguir en los mismos sitios", sostuvo el funcionario.
Así las cosas, subrayó González, a futuro, la avenida 33, Las Palmas, el Parque Lleras y Castilla, continuarán siendo algunos de esos 16 corredores críticos en el tema del ruido.
Pero, ¿hay alguna solución a esta problemática? Para el profesional, esta responsabilidad la tienen los comerciantes que mediante el cumplimiento de la norma pueden evitar que se siga presentando un conflicto permanente entre ellos y los vecinos.
"La pregunta es por qué un comerciante responsable no insonoriza su establecimiento sabiendo que está afectando a la gente", afirmó.
En cualquier caso, subrayó González, hay que tener en cuenta que el sector residencial está protegido por la normatividad en la materia, punto que comparte Jorge Ceballos, subsecretario de Apoyo a la Justicia, de la Secretaría de Gobierno de Medellín.
"Algunos comerciantes creen que tienen el derecho de poner música duro las 24 horas del día sin tener en cuenta que prima el derecho general sobre el particular", dijo Ceballos.
El funcionario aclaró que los puntos críticos de ruido se determinan por la cantidad de reclamos de la comunidad.
Anotó que son fuente permanente de reclamos sectores como el Parque Lleras, el parque principal y Provenza, en El Poblado; la 33, la 80, la Mota y el Centro.
Y aunque las inspecciones de Policía intervienen constantemente para dar respuesta a las quejas, el funcionario aseguró que existen algunas condiciones que dificultan la actividad de control de las autoridades.
Entre ellas, destacó el tiempo que pasa entre la imposición de la infracción y el cumplimiento de la misma por parte de los comerciantes.
"Siempre hay que esperar a que se cumpla el debido proceso que se demora entre tres y seis meses", manifestó.
Mientras tanto, dijo, algunos dueños de establecimientos públicos se valen de estrategias tales como el cambio del objeto o razón social del negocio lo que imposibilita que pueda ser aplicada la multa.
Sin embargo, a pesar de estas "trampas", Jorge Ceballos es enfático en afirmar que los comerciantes deberán autorregularse sino quieren enfrentar mayores sanciones de las que se aplican ahora tales como el pago de multas, que van hasta los 85 millones de pesos y el cierre parcial o total del negocio.
"Si no se disciplinan habrá que tomar medidas drásticas, como la disminución en los horarios o prohibiciones en la venta de productos", puntualizó.
Otro problema, precisó, es la laxitud de la norma a la hora de abrir cualquier establecimiento público.
"Acá no hay que pedirle permiso al Estado y hay una tolerancia extrema cuando habría que ser más estrictos con los requisitos", afirmó.
Quejas permanentes
Los residentes en los sectores aledaños al Parque Lleras aseguraron estar cansados de expresar su inconformidad frente al ruido sin lograr soluciones concretas.
Un fenómeno, afirmaron, que se ha agudizado durante los últimos diez años.
"Hacen las mediciones de ruido y comprueban que supera los niveles, pero todo sigue igual", manifestó con frustración una de las habitantes, que prefirió mantener en reserva su nombre.
Al igual que ella, otros vecinos expresaron su descontento por la falta de control en la apertura de establecimientos en el sector.
Esto porque, según dijeron, a pesar de que la ley ordena que solo haya dos establecimientos por cuadra (unos 80 metros), en la zona hay múltiples sitios de rumba.
En zonas como la avenida 33 y el bulevar de la carrera 68, en Castilla, la sensación de inconformidad es la misma.
"Cuando la gente sale de los sitios se parquea por las calles con los equipos a todo volumen sin que las autoridades hagan nada", afirmó Dora Álvarez, residente en la 33.
A Mónica Mesa, habitante de Castilla, el ruido proveniente de los negocios del bulevar de la 68 no la deja dormir tranquila.
"No pedimos que dejen de funcionar , solo que le bajen el volumen a la rumba", dijo al entender la necesidad de ambos sectores.
Una opinión que comparten residentes de la 33 y El Poblado, quienes son conscientes de los derechos de los comerciantes, pero piden que estos también respeten los suyos.