Se impuso amenaza contra las ballenas
Colombia participó por primera vez en la reunión anual de la CBI y reforzó el grupo de naciones conservacionistas. Sin embargo, no pudieron frenar el boicot de los balleneros.
El destino de cientos de ballenas estuvo en juego durante esta semana y Colombia fue uno de los países que apostó por salvarles la vida a toda costa.Jersey, una pequeña isla británica del Canal de la Mancha, fue el escenario en el que representantes de 89 países, integrantes de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), asistieron a este encuentro anual en el que se discutieron propuestas como la de crear un nuevo santuario ballenero en el Atlántico Sur para proteger de la caza a los grandes mamíferos del mar.
Sin embargo, el resultado no fue el que esperaban cientos de ambientalistas que participaban en esta reunión y seguían sus pormenores a través de las redes sociales.
Durante la última jornada, el jueves en las horas de la tarde, Japón, Islandia y Noruega se pararon de la mesa a la hora de la votación y lograron parar la creación del santuario.
La plenaria finalizó en caos después de que otros estados como Camboya, Camerún y Gambia abandonaron la sala y disolvieron el quórum.
El resultado, la postergación, por un año más, de la toma de medidas que le pongan freno al aprovechamiento letal de los cetáceos.
En Colombia, esta reunión suscitó un interés especial en diferentes organizaciones ambientales que integraron la Alianza Colombiana por las Ballenas y lograron que por primera vez el país participara con voz y voto en la CBI.
Marviva, Greenpeace, Conservación Internacional, WWF y las fundaciones Malpelo y Yubarta, fueron algunas de las que lideraron la iniciativa.
“Colombia era uno de los pocos países latinoamericanos que no hacía parte de la comisión y en esta reunión demostramos el liderazgo técnico y político en el tema”, dijo Maria Claudia Díaz Granados, directora del programa marino de Conservación Internacional en Colombia.
Explicó que, junto a la mayoría de las naciones latinoamericanas y potencias como Estados Unidos e Inglaterra, Colombia asumió una postura conservacionista. “No somos un país ballenero, no consumimos carne de ballena ni de delfines, entonces por qué vamos a aceptar que eso ocurra cuando sabemos que está afectando a muchas poblaciones de ballenas en el mundo”.
Entre ellas las ballenas jorobadas, que cada año visitan por miles las costas colombianas, y generan una intensa actividad turística que no solo reporta beneficios económicos sino que sensibiliza a las personas con la protección de estas especies.
Pero en su migración y antes de arribar a zonas protegidas, las ballenas jorobadas corren un alto riesgo de ser cazadas por flotas balleneras de los países que comercializan su carne.
Junto a las jorobadas, las ballenas azules, grises, francesas, Minke, y algunas especies de delfines son el blanco de los cazadores.
Germán Soler, director ejecutivo de la Fundación Malpelo, explica que los países balleneros cazan bajo el pretexto de pesca científica y cada año, en las reuniones de la CBI, “empujan para que se aumenten las cuotas de caza.”
Este es el foco de disputa en la reunión anual de la CBI. Mientras unos países abogan por proteger a las ballenas, otros hacen lobby y ejercen presión para que legalmente sus flotas puedan seguir arponeando a los animales más grandes y magníficos de la tierra.