Histórico

Entre triunfos y derrotas

Una sociedad desunida en lo fundamental llegará, más temprano que tarde, a adoptar con mayor facilidad regímenes como el que hoy padece Venezuela.

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15 de noviembre de 2011

Es paradójico que un triunfo militar de la magnitud de la Operación Odiseo, donde cayó abatido el máximo jefe de las Farc, sea utilizado por algunos como una derrota política de Álvaro Uribe, quien se atrevió dos días antes a cuestionar la falta de atención a los problemas legales que vive nuestro Ejército, acorralado jurídicamente por colectivos de abogados, jueces y fiscales, lo que los desmoraliza, tanto a ellos como a sus familias.

La sensación fue muy positiva al ver a nuestro Presidente Santos posesionado de su papel de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Eso lo celebramos todos y fue motivo de orgullo. Felicitaciones. Pero no terminamos de celebrar el triunfo y ver al Presidente felicitando, uno a uno, a toda la tropa sin que hiciera mención alguna de quien fue el inspirador y líder de toda la política de seguridad democrática, estrategia a la cual se debe la derrota propinada por la Fuerza Pública a las Farc.

Desde el mismo día de la posesión del Presidente Santos se percibía en el ambiente el cambio en las políticas que sus mismos electores e invitados no alcanzábamos a entender del todo. Los medios quisieron matizarlo como cuestión de estilo, siendo algo de fondo.

La invitación a Chávez, la permanencia del juez Baltasar Garzón en el país como asesor del Presidente, la posible apertura a nuevos diálogos de paz, el reconocimiento del conflicto armado, los nombramientos de ministros cercanos a todo menos a la Seguridad Democrática, y enemigos en lo personal de Uribe y en lo regional lo que él representa.

Con esta perspectiva entendemos aún más la inconformidad de Uribe con tantos hechos que minan de alguna manera toda la Estrategia de Seguridad. No queremos que nos dividan porque sabemos lo que pasa con las sociedades que lo hacen. Continuemos adelante que la guerra no está ganada.

Si se acepta con altura una oposición inteligente y preparada no hay por qué estigmatizarla. Ella sirve a los intereses del país, ayuda a reflexionar sobre sus propuestas al gobierno, por ejemplo, en temas como los diálogos con la guerrilla, las relaciones con los países vecinos y muchas cosas más. Unos pensarán que derrotadas las Farc ya están dadas las condiciones para la paz, y se equivocan.

López Michelsen decía que primero hay que derrotar militarmente a la guerrilla, para luego hablar de paz con ella. Y tenía razón. El dinero del narcotráfico, de los secuestros y de las extorsiones hacen de las Farc organizaciones lumpenizadas similares a las bacrim y demás bandas criminales con las cuales han hecho alianzas y han sido promovidos desde otras instancias que azuzan la lucha de clases.

Y es eso, en el fondo, lo que no entendemos, ¿cómo en nuestra Colombia la sociedad llega a dividirse tanto, aún en momentos de triunfo contra la guerrilla cuando deberíamos estar unidos para combatirla?

Una sociedad desunida en lo fundamental llegará, más temprano que tarde, a adoptar con mayor facilidad regímenes como el que hoy padece Venezuela.

La Unidad Nacional tiene que hacerse alrededor de temas y preguntas que tendremos que hacerle al gobierno para conocer las verdaderas motivaciones de dicha Unidad. Por ejemplo: ¿Vamos a dialogar con la guerrilla en estos momentos, o no?

¿Qué vamos a hacer con la influencia política de Chávez en la capital de la República?

¿Permitiremos milicias bolivarianas que vigilen nuestras cuadras?

¿Aceptaremos preguntas de índole personal de la policía de tránsito, cuando su competencia se contrae a lo establecido en el respectivo acuerdo del Concejo de Bogotá? O continuarán con sus retenes fijos.

Por qué las preguntas que se están formulando desde el proyecto de Petro que ya cuenta con algunos miembros del Partido Liberal son estas:

¿Cuál es el tratamiento que se le debe dar a la propiedad privada?

¿Hasta dónde se permitirá la libertad de opinión?

¿En qué medida debe intervenir el Estado en la educación?

¿Cómo disminuir la desigualdad social sin la lucha de clases?

La mía es: ¿nos unimos para defender la libertad o seguiremos divididos hasta perderla?