Esa cultura de no querer pagar
SÍ, HAY EVENTOS en Medellín que se llenan completamente. Pero lo cierto es que aquellos por los que hay que pagar suelen registrar poca asistencia. Empresarios del sector cultural dicen que el arte está en crisis.
Teatros a reventar, con toda la boletería vendida y la gente emocionada por asistir a los eventos de Medellín. Así se imaginan algunos amantes a la cultura, los espacios artísticos de la ciudad, que contrastan con los eventos gratuitos, que solo necesitan disposición para disfrutar.
Si bien es cierto que Medellín es una región que está creciendo en términos de infraestructura, ciencia y tecnología, aún no existe una conciencia que indique la importancia de los espectáculos culturales.
"No solo implica conciertos de reguetón, vallenato y rancheras, sino también obras de teatro y danza", tal y como lo dice el empresario Carlos Álvarez, quien trajo desde Nueva York a la ciudad, la semana pasada, el Cirque Le Masque, que por falta de asistencia solo presentó cuatro de las ocho funciones que tenía programadas en su agenda.
"Para financiar la inversión, necesitábamos que dos mil personas fueran al circo, pero por día iban cerca de 200. En esos tres días que estuvimos en Medellín perdimos unos 300 millones de pesos", dice Carlos, que también invitó, el mes pasado, a la soprano francesa Emma Shapplin, que agotó boletería diez días antes de comenzar su espectáculo y que motivó al empresario para traer esta compañía con presencia en Broadway, que al parecer, no causó sensación entre los paisas.
Estamos influenciados
El circo no dio resultado y se fue de la ciudad. La gente no asistió tal vez porque pasa lo mismo, algunas veces, que con las tendencias de ropa del momento: se compran porque todo el mundo las tiene.
"La gente quiere ver el concierto que, de alguna manera, la sociedad le dice que es importante y terminamos en una especie de traje del emperador, donde todos vamos vestidos de lo que no somos, a un espectáculo", dice Sergio Restrepo, director cultural de la Corporación Otraparte, que se ha visto afectada por la falta de asistencia a sus actividades culturales. Él dice que parte del problema es que no hay espacios aptos en Medellín.
"El Estado tiene que invertir en un escenario para grandes formatos, donde podamos albergar, adecuadamente, a las personas que quieren disfrutar un show", finaliza.
Pero si por Otraparte llueve, por otros lugares, como la Casa Pedro Nel Ospina no escampa. Su comunicador Carlos Velásquez no sale del asombro al ver la apatía de los ciudadanos frente a la cultura paga y dice que los gestores culturales tienen un largo trabajo de por medio.
La otra cara
Cuando alguien quiere parquear o ir a comer una cuadra abajo del Parque El Poblado, se encuentra con una larga fila de personas que quieren entrar al teatro de Acción Impro, en el que cinco jóvenes actúan en una bodega llena de sillas.
Así y todo Catalina Hincapié, integrante de la organización, siente que el público todavía tiene muchas cosas qué aprender.
"La gente asiste a nuestro espacio. Pero llenar un teatro es muy difícil. Lo digo porque nosotros llevamos siete años allí y al principio era muy duro", dice la artista, que también está positiva frente al proceso que está teniendo la ciudadanía.
"Hay que seguirle apostando a este cuento cultural porque es la única manera en que se puede educar".