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ESCRITURA PARA TODOS

03 de julio de 2013

Hace poco estuve pensando en asuntos gramaticales y ortográficos y su relación con la vida. Se me ocurrió, por ejemplo, que un buen piropo podría ser: "Si así pone una tilde cómo besará" o "nada más alentador que un punto y coma puesto en su lugar para que el amor no tenga su punto y aparte", cosas así, reflexiones que para muchos resultan más bien irrelevantes pero que a mí me hacen reír, me hacen ver la escritura de otra forma.

La cuestión es clara, así como la química no está alejada de la vida, por más que los malos profesores insistan en ejercicios eternos de papel que no conectan la teoría con la práctica, la escritura no es exclusiva de ciertas profesiones. No es que a un ingeniero se le perdone que escriba mal porque el pobre tiene que saber es de números. Eso es inadmisible. No es lo mismo falla que faya.

Ejemplos sobre las implicaciones de que una coma esté en uno u otro lugar son muchísimos. Miremos nada más uno que a mi maestro Gildardo Lotero le encantaba poner en clase: "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda". Algo distinto sería: "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda".

La escritura es sutil, por eso hay que saber qué se quiere decir para decirlo, por eso me aterró leer un artículo de Michael Skapinker en El Espectador que contaba la historia de un profesor que había sido amonestado por tratar de enseñarles a escribir a sus estudiantes en una clase de un MBA. El profesor, convencido de que una escritura clara es esencial, les ponía un ejercicio muy simple cada semana: escribir un memorando de una página que luego él leía y corregía. Los estudiantes se quejaron ante el decano y afirmaron que hoy en día no necesitaban saber escribir para hacer negocios. ¡Qué preocupación…

Cuando a las personas ya no les importa la palabra escrita corremos el riesgo de involucionar, es como si ese dedo pulgar que nos permitió avanzar quisiéramos arrancarlo de un tajo. Si las cosas siguen así, llegará el día en que la escritura sea un recuerdo, coger un lápiz: un arte de pocos. Volveremos a los gruñidos.

Todos, sin importar la profesión, deberíamos saber escribir, así sea lo mínimo. En algún momento hay que mandar una carta, una solicitud, un mensaje de texto, etc., y tener que pensar qué quiso decir la otra persona porque lo escrito no se entiende es algo gravísimo. Tal vez por eso encontramos muchas veces documentos financieros o legales donde apenas se reconocen palabras, no ideas completas. Piensan que todo se da por entendido cuando en realidad, gracias a una pésima escritura, lo único que ocurre son malentendidos. La escritura es una necesidad encantadora, por eso, para mí, una mujer que sepa escribir bien es muy sexy.