ESE NO ES EL ENEMIGO
El Gobierno no se puede equivocar en el manejo de la problemática actual en el departamento del Cauca. Los diálogos que se iniciaron el martes y hoy continúan, deben convertirse en una oportunidad para mejorar el entendimiento mutuo de realidades diferentes y consolidar ese inaplazable propósito de construir nación. Las dos partes deben comprender que su ocasional oponente no es su enemigo.
Hace décadas, un ilustre General, refiriéndose al nacimiento de las Farc y a los hechos de Río Chiquito y Marquetalia a mediados de los sesenta, comentó que las Fuerzas Militares fallaron al no ser convincentes con sus argumentos para propiciar el diálogo y permitir que primara la idea de la acción bélica aniquiladora. De ser cierta tal apreciación, qué costoso ha resultado ese error y qué bueno sería aprender de él.
En los sucesos actuales, que nunca han debido presentarse, donde se ofendió al Ejército de Colombia y se mancilló la dignidad de unos soldados, se evidenció que las Fuerzas Militares de nuestro país son cada día más profesionales, disciplinadas, tolerantes, maduras y más dignas de admiración y respeto por parte de nuestra sociedad.
El sargento Rodrigo García Amaya merece especial reconocimiento como todo un profesional de la milicia. Resulta claro que no dudaría en usar su fusil con eficacia contra un enemigo de la patria, pero fue prudente ante la ofensa del hermano.
Por su autocontrol ante el ultraje y explicación clara ante la opinión pública, merece todo mi respeto. Pareciese que oyó, entendió e interiorizó el discurso del presidente Obama en el Cairo donde recordó a Thomas Jefferson diciendo “cuanto menos utilicemos nuestro poder, más grandes seremos”. Otros dirán que el poder es para usarlo, pero todo depende de las circunstancias.
El enemigo a combatir no son las comunidades indígenas; ellos son parte de la solución, y no el problema, ellos deberían entender que son nuestros hermanos, nuestros connacionales con quienes debemos hacer minga para conducir al país hacia la paz. El enemigo común, armado, actuante y criminal son las Farc y en tal sentido deberíamos construir una visión compartida para enfrentarlo.
La decisión del gobierno de fortalecer la presencia militar en el área resulta indispensable, como una acción legítima en el desarrollo del plan de campaña “Espada de Honor” y como medida indiscutible para incrementar la acción contra el narcotráfico y los agentes que se nutren de él.
Decisión complementaria debería ser el preparar parte de esas tropas en la gestión de relaciones productivas con las comunidades indígenas, quienes, a su vez, deberían cumplir su obligación constitucional de “colaborar con el mantenimiento del orden público dentro de su territorio de acuerdo con las instrucciones y disposiciones del Gobierno Nacional”.
En este contexto, vale la pena recordar a dos grandes estrategas de la historia: Sun Tzu, quien nos enseñó que la mejor victoria es vencer sin combatir y Clausewitz, quien llegó a la convicción de que las armas se deben usar solo cuando la palabra ha sido derrotada.