Histórico
¿Estamos ante una emergencia invernal?
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01 de enero de 1900
- La fortaleza de los aguaceros registrados en los últimos meses alertan sobre una emergencia. En el Valle de Aburrá han aumentado las precipitaciones estos días. También en otras regiones de Antioquia y del país. ¿Qué tan preparados estamos?
El informe publicado el pasado miércoles por EL COLOMBIANO resalta la gestión de la actual administración municipal. En cumplimiento de las normas establecidas se han activado los comités locales de emergencia, encargados de prender las alarmas y de atender los casos que se registren, mientras llegan los organismos de socorro.
El Sistema Municipal para la Prevención y Atención de Emergencia (Simpad) y otras dependencias han concretado inversiones importantes en equipos, limpieza de quebradas y construcción de obras en zonas deleznables. Es alentador saber que con aparatos técnicos efectúa el monitoreo de los afluentes para construir un registro histórico útil en el futuro.
Pero quizá la más valiosa gestión tiene que ver con el componente educativo de los programas de prevención. La participación ciudadana es definitiva en estos casos. La comunidad participa en los comités y se concientiza de la importancia de las labores de limpieza, por ejemplo. Con el pleno conocimiento, el ciudadano cambia conductas: ya no arroja basuras a las quebradas ni deja los papeles por fuera de las canastillas que encuentra a su paso de transeúnte citadino.
Pero eso no es todo. Los desastres del invierno no son azotes de la naturaleza y caprichos del destino. Es el hombre el que provoca el desequilibrio del hábitat. La tala de bosques previa a la siembra de coca y amapola causa la peor catástrofe medioambiental. También, algunas actividades agropecuarias deterioran las tierras. En las ciudades, la tala de los pocos árboles que quedan en algunos sectores de la ciudad y el corte de los rastrojos tienen efectos perversos sobre el terreno.
Una de las mayores dificultades se origina en el atrevimiento de construir en zonas de alto riesgo. En muchas comunidades no se respetan los retiros y levantan viviendas en las riberas de los ríos y los afluentes. Cuando llegan las temporadas invernales los ríos y las quebradas recuperan la madrevieja, destruyéndolas y dejando las secuelas de muerte y dolor.
Es preciso que además de las acciones físicas de prevención se realicen otras de tipo social y jurídico para reubicar a las familias que habitan en lugares riesgosos e impedir las invasiones abusivas en laderas y riberas. De no hacerlo, las autoridades pueden tener responsabilidades luego de presentadas las emergencias invernales, en este caso.
La época de lluvias del primer semestre del año comenzó un poco más tarde en el Valle de Aburrá, no en otras zonas del departamento y del país en donde está lloviendo con furia desde hace varias semanas. Es necesario mantener atención de los aguaceros. Observar los terrenos altos y los cauces de las quebradas. No bajar la guardia y alertar a los bomberos y organismos de socorro cuando se sospeche de una situación riesgosa. Es preciso tener en cuenta que el desplazamiento de familias por cuenta del conflicto es un factor que agrava la situación.
En suma, sí estamos ante una emergencia porque la ola invernal aumenta la vulnerabilidad por inundaciones y por deslizamientos. A todos corresponde prevenirla y atenderla.