¿Estará llegando la nueva agricultura?
En días pasados, la revista Semana informaba que las organizaciones empresariales más importantes del país están realizando significativas inversiones en los sectores agropecuario y agroindustrial.
En particular, la Organización Sarmiento está incursionando en los negocios agroindustriales de caucho, arroz y palma africana. Por su parte, el Grupo Santo Domingo se dedicará a los cultivos de soya y maíz en la altillanura colombiana. Según la revista, en marzo del próximo año arrancará la primera etapa de este proyecto. El propósito del mismo es "promover entre los agricultores de la zona la siembra de estos cultivos, siguiendo el ejemplo de Brasil en el llamado 'Cerrado', que convirtió tierras áridas y poco productivas en ricas áreas cultivadas. El Grupo les comprará el grano a los agricultores y lo transportará hasta Puerto Gaitán (Meta) para su venta".
En el caso de este proyecto no se pretende invertir directamente en tierras sino alquilarlas y comprar las cosechas a terceros. La meta para 2012 es tener 21.000 hectáreas cultivadas.
Estas iniciativas ponen de presente algunos de los principales cambios que están ocurriendo en la agricultura a nivel mundial. El primero de ellos tiene que ver con lo que algunos estudiosos han denominado la "nueva agricultura", que está ligada a las crecientes e importantes inversiones de sectores empresariales en diferentes eslabones de las cadenas agropecuarias, incluidas la producción primaria. Las integraciones verticales y horizontales constituyen uno de los principales mecanismos que se usan para desarrollar este tipo de negocios. Estos desarrollos empresariales, además de promover e impulsar procesos de transformación en la forma tradicional como se manejan los negocios agropecuarios, se convierten en importantes medios de dinamización a nivel de las regiones donde intervienen.
De otra parte, la dinámica de crecimiento que desde principios de la presente década presentan los precios agrícolas internacionales, hecho que rompe con la tendencia decreciente de largo plazo que traían dichos precios, implica que el mundo empresarial está viendo a este fenómeno no como algo pasajero sino como una sólida tendencia planetaria, producto de la recomposición de poderes a nivel de las grandes economías del mundo. Esto hace más interesantes y atractivos los negocios agropecuarios y llama a que los inversionistas aprovechen estas nuevas oportunidades.
De otra parte, llama la atención que ambos grupos empresariales hayan enfocado sus intereses alrededor de cultivos que en Colombia tienen altos niveles de protección, reciben apoyos y subsidios del Estado y, en algunos de ellos, como el maíz, los niveles de importación son de una magnitud importante. El único cultivo que no tiene estas características es el caucho, pues Colombia tiene un área sembrada muy reducida y la oferta tecnológica es casi inexistente. Adicionalmente, diferentes estudios muestran que en todos estos cultivos el país tiene bajos niveles de competitividad.
Lo anterior hace pensar que la intención de las mencionadas iniciativas es, amparados en los altos precios internacionales y en las generosas condiciones de protección y apoyo que brinda el Estado, desarrollar procesos de producción interna que, esencialmente, sustituyan importaciones. En el caso de la palma, muy seguramente el interés estará fincado en la producción de biodiésel que, igualmente, recibe subsidios del Estado. Eventualmente, de consolidarse la dinámica de crecimiento económico de las economías emergentes con grandes núcleos poblacionales como China, India y Brasil, cabe esperar que se piense en exportaciones impulsadas por los altos precios internacionales.
De ser ello así, muy difícilmente podría pensarse que en el país se le está abriendo la posibilidad al desarrollo de la "nueva agricultura" pues, en esencia, lo que se tendría es una forma diferente de hacer las mismas cosas que hasta ahora se han venido realizando. Además, las inequidades que se generan entre agentes aumentarían aún más.